Dandasana, la pose del palo

Dandasana, la pose del palo

Continuando con nuestra inmersión en el camino del yoga, me es muy grato poder presentarles la reina de las poses sentadas, dandasana. Una de las ventajas de dandasana es que puede practicarse casi que en cualquier sitio. Especialmente para la gente que hace trabajo de oficina, 1-2 minutos de dandasana en cada turno de trabajo le revitalizarán y corregirán su postura, y lo más increíble es que ¡nadie se dará cuenta que estás haciendo yoga!

Dandasana (la pose del palo)

Si tuviera que elegir la versión sentada de tadasana, esa sería dandasana. Entre otros beneficios, dandasana corrige la alineación en la posición sentada. En una sociedad donde nos pasamos casi toda la vida sentados, es de vital importancia la correcta postura de los involucrados (muslos, cadera, columna vertebral) en esta posición. Además de corregir la alineación, la correcta ejecución de dandasana acondiciona muslos, pantorillas, psoas y abdominales. Dandasana prepara el sistema músculo-esquelético para flexiones más agudas del plano delantero, como Paschimottanasana.

Siéntese con las piernas estiradas hacia adelante, tratando de que toda la parte dorsal de las piernas esté en contacto con el piso. Coloque las palmas de las manos en el piso, a los lados de la cadera, y aproveche este apoyo para enderezar la columna y promover una rotación hacia adelante de la pelvis, procurando sentarse en la parte inferior de los huesos isquiones. Si sus dimensiones corporales no le permiten tocar el piso con las manos, busque un par de libros (iguales) o ladrillos que cubran la diferencia. El pecho debe estar abierto y el esternón levantado, pero sin exagerar esta acción (cuidando de no empujar los hombros hacia atrás).

Empuje los talones hacia adelante tratando de que los talones sean los puntos más adelantados del cuerpo. Para acentuar este proceso, al mismo tiempo que empuja los talones, hale los dedos de los pies hacia usted. Esta acción debería motivar a la parte trasera de las piernas a pegarse al piso. No permita que los talones se separen del piso, pues esto denunciaría una hiperextensión de las rodillas, la cual debe evitarse.

Una vez logrado esto, y sin perder la longitud lograda en los talones de aquiles, intente empujar hacia adelante la pelota de los pies, inclusive tratando de separar los dedos de los pies. Esta acción debería activar los cuadriceps de las piernas. Ahora revisite la posición de los talones e intente llevarlos aún más adelante.

Sin descuidar la acción muscular lograda en las piernas, inhale expandiendo la caja toráxica hacia arriba (similar a como lo hizo en tadasana),y ensanchando los espacios intercostales. Procure mantener la longitud lograda en los espacios intercostales cuando exhale (esto puede provocar que la respiración sea tenue). Una vez alcanzada la pose, la sensación debería ser como que nos están halando por los talones y la coronilla, con la cadera en el medio manteniendo el sistema en equilibrio. Mantenga la pose tanto como pueda mantener la acción muscular, buscando llegar a 1 minuto.



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