Dar la teta salva vidas

¿Sabías que según declaraciones de UNICEF alrededor de un millón y medio de muertes de niños menores de cinco años en el mundo, son evitables con la lactancia materna?

¿Sabías que según cifras de UNICEF, un niño que no es amamantado, tiene catorce veces más probabilidades de morir durante los seis primeros meses?

¿Sabías que la Organización Mundial de la Salud advierte que sólo un tercio de los bebés en todo el mundo reciben lactancia durante los primeros seis meses?

¿Sabías que según UNICEF el principal obstáculo para la difusión de la lactancia materna es la comercialización agresiva de sucedáneos de la leche y que existe un Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche que dicta los parámetros para regular esta actividad y proteger la salud y la vida de millones de lactantes?

La Organización Mundial de la Salud recomienda seis meses de lactancia materna exclusiva y, hasta los dos años o más, lactancia complementada con otros alimentos.

En las sociedades modernas se perdió la costumbre de amamantar. Desde hace varias décadas se han ido creando condiciones que han minado la lactancia  y han incrementado  el consumo de sucedáneos de la leche materna de un modo alarmante, con altos costos para la vida y la salud infantil en todo el mundo. Circula información falsa a raudales, en relación a la lactancia materna. Existen incontables mitos y dosis infinitas de ignorancia que nos alejan de la comprensión acerca de la verdadera naturaleza de esta robusta función humana (no puedes amamantar porque no te sale nada, mejor dale un tetero o biberón, tu leche no lo alimenta, el niño está muy grande para pegarlo al pecho, etc…). Consciente o inconscientemente, establecimos un orden que ha contribuido a minar profundamente la confianza en la capacidad innata para amamantar de la gran mayoría de las mujeres.

Salvo contadas y honrosas excepciones, en los programas de las carreras de salud como pediatría, nutrición, enfermería… las horas dedicadas a la formación sobre lactancia materna son irrisorias. En contraste, son muchas las horas dedicadas a la instrucción sobre fórmulas lácteas o sucedáneos de la lecha materna. Podemos concluir que los  profesionales de salud -salvo que tomen la iniciativa de formarse por su cuenta sobre lactancia materna- están precariamente capacitados para apoyar a las madres a mantener una lactancia exitosa. En medio de este panorama ha surgido la figura de las asesoras de lactancia, que son personas certificadas con formación y preparación especializada para acompañar y asistir a las madres a superar los obstáculos que impiden consolidar la lactancia de sus hijos.

El camino de retorno hacia la recuperación de la costumbre de amamantar requiere de la información, la protección y el apoyo necesarios para que cada madre tome sus propias decisiones desde el empoderamiento y la conciencia.

Obtendremos resultados sostenibles en la medida en que hagamos énfasis en educar, para derribar los mitos y la ignorancia sobre la lactancia materna.

Una sociedad que apoya la lactancia materna, asegura a los niños la fuente óptima para construir aspectos neurálgicos de su salud emocional y física, presente y futura.



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