De agradecer y perdonarse

http://youtu.be/OvxX7DoF1Ps

Hace tiempo que me vengo redactando comentarios o artículos en la cabeza para compartirlos con ustedes. Hace un poco más de una semana un artículo me movió a dejar el miedo. Y este lo escribí como para mí, pero no quise dejar de compartirlo.

En búsqueda de empleo caí en el nuevo engaño online en el que te hacen creer que estás llenando una solicitud en línea cuando en realidad estás dando tus datos personales a compañías de telemercadeo, pero como tiene que ser: sin saberlo.  Con tus datos te llaman y te ofrecen educación superior y luego, entonces, y sólo entonces, te envían a tu correo electrónico listados de empleos.

Así, buscando empleo entré a mi correo para chequear los alertas programados y veo entre los correos que me han llegado un título. Me amo.

Me sorprende mucho Trato de ignorarlo pero veo que es de Inspirulina.com y entiendo. Me digo después lo leo, primero la responsabilidad, el deber. Trato de continuar mi escaneo visual de los mensajes, de los títulos, en busca del empleo deseado pero esa es una propuesta ¿Me amo? que me resulta tan revolucionaria que no puedo, hay una puja y el después lo leo pierde.

Esto me llega justo cuando estoy trabajando el merecimiento para hallar el empleo que me guste, que pague bien, que me estímule y que me rete ¿El universo me habla? No sé. Vamos a ver…

Empiezo a leer y al poco rato me encuentro con que …

“Lo cierto es que todo el cosmos respeta un orden divino, y si nosotros de manera inconsciente le damos un mensaje equivocado al mismo, lo más probable es que en nuestra vida no veamos florecer la abundancia que tanto deseamos, por más meditaciones y afirmaciones que hagamos.”

Pues la verdad es que con eso de las afirmaciones me cuesta la disciplina, sí. Por años meditaba y hacía yoga con frecuencia pero perdí esa disciplina también… pero ¿Falsa modestia? ¿Orgullo? Pero, ¿qué me dice este artículo?  Ya empecé a pelear con e/l/a [email protected] ¿Y qué tal baja autoestima? ¿Ah?

«¿Cómo te va a mandar el universo abundancia en cualquiera de sus manifestaciones, si tú, con tus palabras y pensamientos la estás rechazando?”

¡Pero bueno! ¿Y ese Universo es loco? ¿No tiene acaso el poder supremo de conocer lo que vive en mi corazón? Yo vivo diciéndome loquita, cariñosamente, comprensiva de mis despistes, como un papá benevolente ¿cómo se me va a confundir el universo así? ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué me he estado haciendo?

“Cuando no somos capaces de recibir un regalo que se nos da de forma genuina y amorosa, estamos alterando el perfecto equilibrio del universo”.

Y esto ¿por qué no nos lo enseñan en kínder? ¿Cómo es posible? ¡Me he estado autogoleando por años! Tengo que arreglar este asunto para ayer. Ya. Ipso Facto. Ya no peleo con la autora. Ya veo que es una mujer quien escribe. Ya no peleo, ahora más bien busco con mucho interés aprender pronto cómo echar a componer ese orden divino que he venido desarreglando con tanto descuido porque, la verdad, no veo abundancia.

“¿Cómo podemos mejorar nuestra capacidad para recibir? Te entrego algunos tips.”

¡Eso Glenda, eso! Justo lo que necesito. Me apresto a recibir los tips y va y me suena el bip del reloj de la cocina avisando que se me pueden quemar las vainitas…

Vuelo. Corro con urgencia de la computadora a la cocina. Apago las vainitas. No se quemaron.

Regreso a la computadora. Ajá…

No caigas en juicios… ¡Saz! ¡Strike one!

Mea culpa. Le meto al juicio. Es difícil no salir con patrones aprendidos. Hace una semana una amiga me contactó un sábado a las siete de la noche. Me dijo que me quería traer algo rico para comer, que en unos quince minutos llegaba. Ella no es dada a espontaneidades de este tipo. Yo estaba a punto de entrar a la ducha pero me encantó el detalle. Le dije que claro, que viniera, pero que me diera diez minutos que me iba a bañar.  No fui clara. Yo nunca me baño en diez minutos. Más bien en veinticinco, que fue lo que realmente quise decir. Y me apuré: no me afeité las piernas ni me puse acondicionador. Llegó cuando yo había corrido en bata de baño de la ducha al cuarto para vestirme. Mi esposo la recibió y antes de me quitara la bata mi amiga ¡ya se había ido! Me sentí confundida, abandonada y muy juez pues. Me molesté. Se me pasó el agradecimiento. No pensé que podía haber un mal entendido. Rechacé el asunto y con ello desarreglé el orden divino, le despeiné la energía que me atraería prosperidad y se debe haber escapade por el mismo caño por el que se fue el agua de mi corta ducha.

Tómalo el regalo como un mensaje… ¡Ah bueno! Tan mala gente no soy.

Sí aprecié que pensara en mí. Suelo apreciar cualquier regalo, cualquier gesto que las personas tienen conmigo. Aunque mi juez dictamine que no me gusta lo que me dan, sí agradezco el gesto porque sé que al dármelo están siendo generosos y lo está siendo conmigo. Entiendo que no hay obligación de regalar nada. Nunca la hay. Tan mal no voy.

Abre tu mente… ¡En esas ando!

Bueno, dos de tres no está mal. Espero apurarme en la senda del crecimiento. Mientras voy escribiendo empiezo a comprender este tiempo reciente pero pasado.

Eso fue todo: un tiempo perdida. Un ciclo. Un aprendizaje que aún  no tengo claro pero al que tenía que llegar perdiéndome.  El ego se me sale como gorduras en licras demasiado pequeñas, pero ahí voy. En realidad no se me está haciendo tan difícil perdonarme este desvío y se siente bien dar un paso atrás y dejando que la luz de la calma ilumine cada situación antes de reaccionar. Todo esto de auto perdonarme y de tener calma es nuevo para mí, pero me gusta. Nunca abandoné del todo la meditación pero sí lo había hecho con yoga. Sin embargo, a los poco días de mi encuentro con el artículo mi cuerpo ya me lo pidió. Se rebeló y me encontré haciendo unos saludos al sol una mañana.

Ya para cuando estaba rendida a la verdad del artículo sonó Devendra Banhart con Rejoicing in the hands en Pandora! ¡Esto tiene que ser un mensajito del cosmos, del universo! Uno bueno. Por cierto, gracias mil Glenda Travieso.



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