De cómo convivo con barbies y princesas

Sí, fui formada en una universidad pública conocida por sus aportes al debate social; pertenecí (aún hoy) a grupos de intelectuales y activistas que deconstruyen las maneras tradicionales de organizar los roles en la sociedad, especialmente en temas culturales y de género. Nunca me pareció interesante jugar a la mamá o a la esposa, tampoco me interesé en el Miss Venezuela o en un traje de novia, pero no crean… tampoco los deportes me atrajeron jamás.

Mi personalidad en esos tiempos estaría descrita en uno de los cuadrantes que la junguiana Toni Wolff denominó bajo el arquetipo de Atenea, muy orientada a la intelectualidad y la política e incluso a jugar en el ‘equipo’ de los hombres. Viajar, desarrollarme intelectualmente, ascender en la jerarquía de mi empresa y la universidad, hacer postgrados y desde luego sacarle el tuétano a la teoría, era mi delicia.

Un día hice alquimia con un hombre, y me casé. Otro día me entregaron una prueba de embarazo positiva, y luego amamanté y me retraje en el hogar dulcemente… y así, el “reloj” de Toni Wolff comenzó dar vueltas enloquecido entre todos los cuadrantes: hetaira, madre, sabia, etc. Resulta ser, que, como un diamante, somos todas esas diosas, y la vida y el autoconocimiento pasan por hacer conciencia de los aspectos que honramos y los que no.

Al criar a una mujer como hija, y desear plantear el respeto y la democracia en todos los ámbitos de ese proceso, he podido observar lo diferente que es ella de mí, y lo profundo de su sensibilidad, tan válida como la mía o cualquier adulto. Ella oscila entre la damita delicada, pro-princesas y barbies, para quien los estudios aún no significan mucho, y entre la artemisial ninfa, para quien correr al aire libre y descubrir la naturaleza es imprescindible. Nos conectamos también en momentos de tranquilidad y arrullo mutuo, y su búsqueda metafísica, o a quien ella llama Diosa por los momentos. Ella es una mujer en ciernes.

No es que no haya sentido los impulsos de decirle lo aburrido y alienante que me parecen las princesas o los cariñositos, pero me he mordido la lengua. Ella tiene derecho a conocer, y su ser intrínseco (su “diosa”, como diría Shinoda-Bolen, o arquetipo dominante) debe expresarse sin represiones que hagan de ella una mujer insegura o mutilada. No ha habido forma de que prefiera Olivia a Cenicienta, y ese es su derecho, conocer y elegir. Juntas estamos transitando los estereotipos y los, a veces vacíos, contenidos de las historias que se cuentan y los programas de televisión.

La valoración o no de un arquetipo depende de la cultura y las comodidades políticas del momento, pero eso es parte de otro post. Por ahora, deseo observar y ayudarla a equilibrar su pasión por la danza y el “universo rosa”, con su determinación y fortaleza de espíritu, que mantenga su placer y femineidad sin cosificarse y aprovechando los dones de las otras diosas que conviven en ella.

 



Deja tus comentarios aquí: