De cuándo apagar el GPS y practicar el ¿Señor, dónde me queda…?

Mi esposo, como casi el 100% de los esposos del mundo, prefiere: gastar gasolina, dar vueltas y vueltas por un mismo sitio y entablar una discusión conmigo sobre la efectividad de los GPS, antes que pararse a preguntar por una dirección. Cualquier parecido con tu realidad no es mera coincidencia.

Si bien generalmente el saldo de estas situaciones queda en anécdotas que compartir con nuestras amistades, en otros escenarios (como sobrellevar transiciones, adaptarse a nuevas experiencias, disminuir incertidumbres y manejar el estrés), el saber pedir ayuda de manera oportuna y eficiente puede ser la clave del éxito, ya que nos permite no solo atender un problema sino ganar tiempo y acumular energías para ser más creativos y productivos.

¿Por dónde empezar? Revisar la forma en que nos estamos comunicando y los resultados que obtenemos es siempre un buen lugar, por lo que aquí les propongo una lista para reflexionar:

Qué tener presente al pedir ayuda:

  1. Pide: ¿obvio? No siempre, muchas cosas que para nosotros son obvias para otros no lo son, especialmente si añadimos las diferencias culturales. No esperes que los otros deduzcan tus necesidades, ponlas en palabras y expresa lo que quieres.
  2. A quién le pides: dirige tu petición a la persona con mayor competencia para atender tu necesidad. Seguramente obtendrás respuestas diferentes de un turista y un local sobre cuál es el mejor lugar para comer en una ciudad.
  3. El lenguaje: cuando pidas algo, hazlo de forma directa y específica: no es lo mismo decir “en este desorden no se puede vivir” o “hay que llevar a Carlitos al fútbol” a decir “por favor, ¿puedes recoger esto?” o “¿puedes llevar al niño a la práctica?”
  4. Establece tiempo: completando el ejemplo del punto anterior: “por favor, ¿puedes recoger esto para esta noche?”, “¿puedes llevar a Carlitos a la práctica este jueves?
  5. Espera por el acuse de recibo: es decir, tu interlocutor tiene que aceptar, rechazar o hacer una contraoferta a tu petición. Así el acuerdo estará claro, sabrás qué esperar y además te da oportunidad tanto para hacer seguimiento como para reclamar si es el caso.
  6. Sé agradecido: esto no solo crea un estado de ánimo positivo en ti, también lo hace en la persona que te ayudó, quien estará probablemente con mayor disposición de ayudarte en una próxima oportunidad si reconoces su esfuerzo.

Pedir ayuda es también un acto de humildad. En mi profesión he constatado como antes de solicitar ayuda algunas personas deben enfrentar su ego y su temor a mostrarse vulnerables. El apoyarse en los que te rodean no es muestra de debilidad, es algo inherente a nuestra misma humanidad: “Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo; todo hombre es un fragmento del continente, una parte de un conjunto” John Donne.

Apaga pues tu GPS, baja la ventana, saca medio cuerpo por ella e interpela al primero que te encuentres: ¿Señor, dónde me queda…? Puede que no solo llegues más rápido, ni que te quede el gusto del contacto con el otro sino que, además, me ayudes a ganarle esta a mi esposo 😉



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