De la motivación a la inspiración

De la motivación a la inspiración

¿Estás buscando motivación para alcanzar tus metas o estás permitiendo que la inspiración te use?

Si bien motivación e inspiración suelen usarse como sinónimos, hay una gran diferencia entre estos dos estados emocionales y de consciencia. Y puedes saber cuál está a cargo de tus decisiones y tus proyectos por la forma en que te sientes.

Muchos de nosotros aprendimos el paradigma de la motivación. La educación nos fue incentivando a lograr nuestros objetivos a fin de obtener una recompensa externa, o evitar una consecuencia negativa, algo que tenemos miedo que suceda.

Este es el paradigma básico de la motivación, el cual puedes ver en funcionamiento en la vida personal, cuando buscas trabajo por miedo a no tener dinero o a la pobreza, buscas pareja por miedo a la experiencia de la soledad, buscas triunfar para ocultar una sensación de inferioridad.

Lo puedes ver en la vida de la empresa, cuando solo se motiva con incentivos externos a los trabajadores para evitar el fracaso en las ventas, para que produzcan más rápido o para mantenerlos dentro de la compañía.

Sin embargo, si te fijas en las personas más felices y exitosas, no es solo la motivación externa, sino una inspiración interna que los impulsa. Hay una idea, una visión interna que los lleva a tomar acción, a desarrollar sus capacidades, a ejercer sus dones, a aceptar los desafíos, y traer sus metas más importantes de lo invisible a lo visible. No necesitan mantener la motivación, porque esta visión que los inspira viene con la energía para hacer lo que debe hacerse.

Entonces, ¿cómo hacer el cambio de la motivación a la inspiración?

Vamos a conectar algunos puntos que nos ayudan a distinguirlas:

Algo que caracteriza a la motivación es la necesidad de mantenerla. La motivación es una fuerza que tira de uno, una reacción al incentivo externo, y pide satisfacción inmediata. La clave es tener un motivo lo suficientemente significativo para hacer las cosas, y recordar frecuentemente ese motivo.

En cambio la inspiración funciona como un músculo. Es un proceso, y cuando estás conectado con la inspiración sientes que hay un propósito interno, más profundo, que te impulsa a actuar, y por tanto te vuelves más productivo.

“Motivación es cuando me engancho con una idea, inspiración es cuando la idea me engancha y me lleva hacia mi destino”. Wayne Dyer

Generalmente, la motivación proviene de una sensación de dolor, malestar, carencia o insuficiencia interna de la que se quiere escapar; eso la convierte en una fuerza de corta duración. Por eso podemos decir que la motivación es del ego.

En cambio, la inspiración viene de un sentimiento de suficiencia, te sientes inspirado a lograr más, a crecer, prosperar, e ir por más. Es un poder expansivo que te impulsa, conduce y produce cambios sostenibles. Por eso podemos decir que la inspiración proviene del alma, de nuestros principios espirituales auténticos.

Este es el proceso…

El alma te da la inspiración, y cuando está presente en tus intenciones, impregna todo lo que haces: hay fluidez y las cosas se sienten bien. Estás cambiando tu relación con algo, adquieres una perspectiva diferente respecto a tus circunstancias, y estás motivado naturalmente para lograr todas las cosas que precises.

Ahora bien, cuando algo ha seguido su curso y cumplió su propósito, el alma comienza a retirar su energía y enfoque. Este proceso puede ser confuso porque la inspiración que se siente al principio desaparece, la motivación entra al juego: recurrimos a nuestra fuerza de voluntad para motivarnos.

Pero este tipo de motivación no es realmente productivo. De hecho, genera agotamiento. Y cuando la motivación dirige los esfuerzos, lo que estás tan desesperado por lograr se distorsiona en el proceso.

La pasión se diluye, y comienzas a preguntarte si estás haciendo lo correcto, o incluso si estás en el camino correcto. Todas esas dudas sobre tu capacidad infectan tus planes, tus intenciones y, finalmente, los resultados que consigues.

A esta altura, te estarás preguntando cómo saber si estás usando motivación o estás permitiendo que la inspiración te use.

Primero que nada, precisas estar atento y presente, para reconocer tus sentimientos. Ellos te permitirán saber si la inspiración o la motivación dirigen tus planes.

Si la inspiración está guiando tus pasos, puedes identificar la sensación de bienestar que la acompaña. Sigue adelante con la seguridad de que el resultado será excelente.

Si, por otro lado, la motivación se ha convertido en tu brújula, la ansiedad y el agobio son las sensaciones predominantes. Precisas detenerte, aquietar el ruido mental y esperar ese impulso que viene del alma para inspirarte y animarte. Algunas veces te llevará en una dirección diferente, a la que te conducía la motivación.

Otras veces, cambiarán tus intenciones respecto a lo que estás haciendo, y alcanzarás metas y riquezas inesperadas.

Este cambio, pasar de la motivación a la inspiración, no sucede de la noche a la mañana. Así que a medida que vas descubriendo y trascendiendo tus viejos paradigmas y modelos mentales, sostén una actitud compasiva hacia ti mismo. La compasión, hace lugar a la inspiración.



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