De la motivación a la inspiración

De la motivación a la inspiración

Me han preguntado varias veces porque no me considero un motivador. Y hago esta aclaración porque mucha veces el ego se cuela para que nos motivemos a hacer algo que no estamos inspirados a hacer.

Cuando nos motivamos estamos persiguiendo un meta, una idea, que no siempre estará en relación a nuestra evolución. Y puede que sea un miedo lo que nos lleve a ella. Al conseguirla, habremos aprendido a crear algo nuevo, pero el miedo quizás se mantenga intacto. Por ejemplo, buscar dinero por miedo a la pobreza, buscar pareja por miedo a estar solo, triunfar por miedo a sentirnos fracasados o poco valiosos. Y así, una lista. El logro de la meta no garantiza que el miedo se borre. Puede que se disimule y ese mismo miedo nos creará cierta dependencia de lo alcanzado. Es decir, sin ese logro volveremos a experimentar el miedo.

La inspiración, por su lado, también involucra una idea, pero ésta no se convierte en meta, sino en camino. No ponemos la energía en llegar, sino en caminar. De pronto, encontramos algo que nos inspira y comenzamos a transitar ese nuevo capítulo, pero abierto a las muchas posibilidades que ese camino traerá. Sin saber muy bien donde vamos, pero con la certeza de que en cada momento estamos donde tenemos que estar. Y nos sentimos en paz.

Cuando nos inspiramos, tenemos muy claro el punto de partida y somos flexible en el camino. Cuando nos motivamos, tenemos certeza en la meta y no la negociamos, incluso cuando estemos dando a cambio nuestra paz interior para lograrla.

Si tuviera que definirme, entonces diría que me siento más cómodo siendo un inspirador, invitando a hacer el camino y señalando el punto de partida, con la certeza que aprenderemos y disfrutaremos más de caminar, que de llegar.



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