De mujer tímida y sumisa a mujer decidida y emprendedora

De mujer tímida y sumisa a mujer decidida y emprendedora

En la actualidad son muchos los movimientos que se encargan de vociferar sobre el papel protagónico de la mujer en lo que se considera un momento histórico de cambios significativos para la sociedad.

Sin embargo, muchas de estas corrientes presentan la tendencia a tergiversar lo que en realidad significa el empoderamiento femenino y, sobre todo, la responsabilidad que esto conlleva.

No se trata de otorgar un poder sin conciencia, se trata más bien de psicoeducar, no solo a las mujeres, sino también a los hombres, De hecho, uno de los fundamentos de este movimiento es la equidad.

Es necesario aclarar que así como exigimos derechos también tenemos deberes como mujeres emprendedoras y empoderadas. El conocimiento es poder, así que debemos asegurarnos de alcanzar ese poder con la mayor de las responsabilidades ya que somos embajadoras del mismo.

Así mismo, entran en juego importantes procesos como lo son la autovaloración, la identificación, el autorreconocimiento y el autoconcepto. Estos son procesos necesarios que en definitiva terminan por empoderarnos como individuos únicos dentro de una sociedad cada vez más competitiva y demandante.

La construcción social de lo femenino y su significado por años ha estado definida desde una visión masculina. Sobre el cuerpo femenino han sido inscritos a fuego, principios como, por ejemplo, aquellos “debería ser” que solo terminan por cercenar la verdadera esencia del ser femenino, la cual es cambiante.

Decía Lacan que “la mujer no existe, existen las mujeres de una en una”. Nada más cercano a la realidad. Definir la esencia femenina es tarea ardua ya que cuando se cree tener un aserto, nos encontramos con otra clase de mujer. En este caso es mejor hablar de aproximaciones que terminan por darnos una idea para entendernos y aceptarnos.

En definitiva, es cierto que los hombres no la tienen nada fácil, sin embargo, trabajando desde la madurez, aceptación y sobre todo amor propio, podremos llegar a ese tan deseado punto medio, en donde no existen la guerra de géneros, sino por el contrario la comprensión mutua responsabilizándonos, abandonando el papel de sumisas sometidas por una demanda fantasma y emprendiendo el camino hacia la plenitud.



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