De música y notas

Hablando hace poco de algunos conceptos musicales, explicamos cómo los músicos habían acordado la uniformidad de las notas musicales para garantizar que las interpretaciones suenen igual de afinadas. En otras palabras, que las frecuencias de las notas sean idénticos, independientemente del instrumento o de quien interprete la música. Así pues, el estándar internacional actual es que la nota La central vibre a 440 ciclos por segundo (Hertz, Hz). Pero ¿y las otras notas? ¿Cuál es la frecuencia de la nota Do o de la nota Mi? ¿Cómo llegamos a ellas y por qué algunas combinaciones de notas suenan bien y otras mal? De esto escribimos a continuación.

sonidos-desagradables-619x348Desde la prehistoria los humanos han hecho música con instrumentos cada vez más elaborados: flautas, arpas, tambores, etc., que junto con la voz, amenizaban las reuniones y fiestas. Por prueba y error aprendieron que algunas notas juntas sonaban bien y otras sonaban mal. Algunas sonaban afinadas y otras desafinadas.

Así por ejemplo, entre las notas que sonaban bien juntas están las que tienen una relación de 2:1, es decir, que tienen el doble o la mitad de la frecuencia. Si tenemos una cuerda de guitarra que vibra a 330 Hz, podemos tocar otra que lo haga al doble, 660 Hz, y sonará “bien”. Igual que si la tocamos a la mitad: 165 Hz.

Pero tocar música con sólo esas notas era muy aburrido (como el tam-tam del tambor, que siempre toca la misma nota), así que pronto se descubrieron algunas otras combinaciones sencillas que también sonaban “bien”, las relaciones 3:2 y 5:4. Así pues, se creó una escala musical pentatónica basada solamente en notas que cumplían las tres relaciones mencionadas (2:1, 3:2 y 5:4). Con eso los músicos ya podían escribir obras más o menos elaboradas como por ejemplo esta canción andina o esta música china.

Pero cinco notas son, evidentemente, muy poquitas y pronto se popularizó una escala de 8 notas en la que se añadían tres nuevas notas a las anteriores. A estas 8 notas se les dio simplemente el nombre de una letra: A, B, C, D, E, F y G. Volviendo luego de nuevo a la A superior (con el doble de frecuencia de la primera).

Sin embargo, al monje benedictino Guido dArezzo en la edad media, le pareció muy complicado esa nomenclatura y aprovechando un himno a San Juan Bautista llamado Ut queant laxos, que se caracterizaba porque cada frase musical empezaba por una nota superior a a anterior, decidió utilizar la primera sílaba de esa frase para identificar la nota correspondiente:

C            Ut (Do)       Ut queant laxis          Para que puedan

D            Re              Resonare fibris          exaltar a pleno pulmón

E            Mi              Mira gestorum           las maravillas

F            Fa              Famuli tourum            estos ciervos tuyos

G            Sol             Solva polluti              perdona la falta

A            La              Labii reatum              de nuestros labios impuros

B            Si               Sancte Ioanes           San Juan

La primera nota se le cambió posteriormente el nombre de Ut por Do, que evidentemente es más fácil de pronunciar. De esta forma, en los países del sur como España, Italia o Francia, utilizamos el formato de Guido: Do-Re-Mi-Fa-Sol-La-Si-Do, mientras que en el norte, como Alemania o Inglaterra, se mantiene el viejo formato: A-B-C-D-E-F-G-A.

Pero si no había unanimidad en los nombre de las notas, menos las había en las frecuencias a utilizar para cada una. Cada quién ajustaba su escala como mejor le parecía, hasta que el gran Johann S. Bach establece una «norma» y crea la escala Cromática o Bien temperada, en la que define la frecuencia de cada nota (la afina) para que la música, en su conjunto, suene mejor.

Adicionalmente, la escala tiene 5 notas adicionales, para un total de 12. Esto se puede ver claramente en un piano en el que hay 7 teclas blancas y 5 negras. Estas notas «adicionales» recibieron nombres especiales, con el fin de no modificar el do-re-mi tradicional y así, la nota que está entre el Do y el Re se llama Do#, y la llamamos do sostenido; la que está entre Re y Mi, Mi# el mi sostenido y así sucesivamente. De esta forma, la escala de doce notas queda así:

Do, Do#, Re, Re#, Mi, Fa, Fa#, Sol, Sol#, La, La# y Si

La distancia entre cualquiera de esas doce notas es lo que se llama un semitono y hablando nuevamente en frecuencias de vibración, cada nota es exactamente 1,059 veces la anterior. Para los curiosos, ese número es exactamente la raíz doceava de 2, lo que indica, como se escribió en otro lado, que también en la música hay una profunda relación matemática.

Ahora bien, los compositores normalmente no utilizan las 12 notas, sino una selección de 8 (y claro, las correspondientes más agudas y más graves). Con esa selección “arma” su música, tomando como base una, usualmente por la que empieza la obra. Dependiendo de la selección que elija, se tendrá entonces un concierto en Do mayor, como este Concierto para Piano y Orquesta Nº 1 de Beethoven. Pero si utilizan otra combinación, dependiendo del que sea, recibe otro nombre, como el Concierto para Piano Nº 1 en Si bemol Menor de Tchaikovsky.

Así, mis queridos amigos, se formaron las notas musicales y con este corto recuento, por lo menos espero que la próxima vez que oigan un concierto, de Juan Luis Guerra o de Vivaldi, sepan que ambos se apoyan en las mismas piedras… o más bien, notas. 



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