¿De qué color es una rosa roja?

Intentar romper un paradigma no es cosa sencilla. Nos rondan por todas partes y forman la base de todas nuestras creencias, sobre todo de las más profundamente arraigadas.

Es por ello, que en la primera sesión de una clase a nivel universitario, que un profesor decida hacer ésta pregunta genera miradas capciosas, cargadas de sospecha. ¿Qué pretenderá? parecieran decir las miradas, definitivamente algo se trae entre manos para hacer una pregunta, que por obvia, parece estúpida. Suele haber un período de ominoso silencio. Nadie se atreve a responder para evitar “caer en la trampa”. Trampa que se intuye, pero que se desconoce cuál es. Y es que la pregunta tiene como objetivo, precisamente, romper un paradigma. En efecto, una rosa roja…¡no es roja! Los humanos la vemos roja, que no es lo mismo.

Para empezar ¿qué es rojo? Intentaremos explicar un extremadamente complejo fenómeno en palabras sencillas.

Rojo es el resultado del contacto de una determinada frecuencia de onda (incolora) con algunas células de la retina humana, en las cuales se encuentra una molécula particular en nuestra especie, la rodopsina, la cual se rompe al contactar con esa específica frecuencia de onda. Al romperse, se produce un potencial de acción, o descarga eléctrica, que viaja por el nervio óptico, pasa la cintilla óptica dentro del cerebro y de allí llega a la cisura calcarina en el lóbulo occipital, generando una inversión del potencial eléctrico de membrana de algunas células con los cambios iónicos de sodio (Na), potasio (k), Calcio (Ca) y otros. Eso “se siente” como “rojo”.

Cualquier cambio en el proceso, alterará el resultado, si no hay rodopsina sino otro componente químico por ejemplo, o si en vez de tres tipos de conos hay uno o cuatro, lo que se percibe, cambiará.

Por ejemplo, sabemos que los perros no ven el rojo ni el verde, por lo tanto una rosa roja para un perro estará dentro de algún matiz de lo que los humanos llamamos amarillo o en algún degradé de gris. Una gran parte de lo que los humanos vemos como verde, es claramente blanco para perros y gatos.

abejaUn prado de flores rojas es visto por las abejas con un nítido color negro, pues no ven el rojo como los humanos. Los pulpos y tiburones al igual que los mapaches o las salamandras no pueden ver color alguno.

Un inmenso árbol cae en medio del bosque, nadie lo escucha, ¿hace ruido al caer? Así nos pregunta un Koan zen. Sin un aparato auditivo, no existe tal cosa como “ruido”. Igualmente, no sabemos, ni podremos saber nunca, de qué color es la rosa roja, de hecho no existe tal cosa como “rojo” más allá de la unión de una onda incolora interactuando con un cerebro humano vivo. La pregunta en sí misma es una pregunta mal hecha.

Nuestro cerebro procesa el mundo de “ahí” fuera de una determinada manera, limitado por las características que nos son inherentes como seres humanos. En sentido estricto, la flor roja, no es roja, la vemos roja los humanos. Y a eso lo llamamos realidad.

Construimos nuestro universo personal y creemos que en realidad es así. Un inmenso universo sin colores y totalmente silencioso es lo que más cerca está de lo que realmente está fuera de nuestra manera de percibir. Esto podría darnos miedo, o hacernos pensar que perdemos algo al trascender el pensar y el percibir, pero realmente es al revés, solamente que es inefable, no es posible describirlo con palabras, lo que más se le podría parecer es una profundísima sensación de alegría o un estado de amor o enamoramiento intenso y profundo.

Cuando se practica la meditación Advaita, y la mente se sumerge en el espacio entre los pensamientos, nos percatamos de una extraordinaria sensación de plena llenura vacía, de una intensidad no imaginada en nuestro cotidiano funcionamiento mental. Potencialidad absoluta, más allá de los sentidos y del pensamiento discursivo. Realidad, Realidad verdadera, que nos deja atónitos, repletos de la llenura que se logra al trascender los límites del pensar y del limitado percibir de los sentidos, nuestros sentidos.



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