De Superman y Clark Kent

Hace un mes en una consulta oftalmológica me indicaron que debo usar anteojos de manera permanente. Lo acepté y compré unos a la moda.

Cuando comencé a usarlos en el canal de televisión donde trabajo y conduzco un programa de noticias, varios colegas comenzaron a llamarme ¨Clark Kent¨ a modo de chiste y lo tomé con gracia. Incluso la situación me inspiró, y me llegó la idea sobre la identidad. Porque Clark es en realidad Superman (o Kal-El), pero fabricó el personaje de hombre temeroso e introvertido para adaptarse a este mundo, la sociedad metropolitana, trabajar en el Daily Planet, y así ocultar sus dones.

Desde niño Clark tiene miedo de Superman, porque ser él mismo es ser raro. Sin embargo, eso que decidió esconder para pasar desapercibido, es en definitiva donde reside naturalmente su poder y lo que vino a ofrecer al mundo. Su servicio.

Pero como es imposible escapar a su destino, llega el momento de que le sea revelado su origen y asumir su verdadera identidad. Entonces se muestra tal cual es, comienza a dar lo mejor de sí y se convierte en el protagonista de su vida. Por supuesto sigue usando a Clark para algunas cosas de la vida mundana, pero ya no esconde su esencia. Cuando Superman es Superman se siente muy bien porque es íntegro y lo oculto sale a la luz.

Me parece que su historia habla un poco de nosotros también. A veces por pensar y actuar cómo nos enseñaron o creemos que debemos mostrarnos para encajar en el mundo, vivimos en una batalla interna que no nos permite ser auténticos, ser nosotros mismos y hacer lo que sentimos sin miedo a la crítica o a fallar. Y si en la autenticidad reside nuestro valor, sólo dejando de escondernos podemos reconocerlo.

Superman no anda todo el día de capa, la malla sobre los pantalones y volando por en las alturas. También es el humano simple que se enamora de Louis Layne y escribe para el periódico; pero cuando la vida hace su llamado está listo para darle alas a su talento y cumplir su función. Así se unen sus opuestos.

Personalmente cuando, siguiendo a mi guía interna, me animé a expresar lo que sentía, hacer lo que el corazón me pedía y escribir, dar charlas y cursos de meditación, respiración, espiritualidad y darle rienda suelta al don de comunicar; salió a la luz algo que llevaba en las sombras por miedo a hacer el ridículo.

Es así como cada día voy descubriendo al que escondía detrás del personaje del locutor Agustín García Andrade, para que lo original y creativo me enseñe mi verdadera identidad. Y así algún día, como le pasó a Clark Kent en su búsqueda en una caverna de hielo, recordar quien Soy.



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