Debe haber algo bueno en ser la amante

En estos días dos conocidas, una casada desde hace más de 20 años y otra con una pareja estable, estuvieron absolutamente de acuerdo en que ser la amante es lo mejor. Ante mi impresionada y obvia pregunta, respondieron: «es la posición más cómoda».

¿Es acaso el compromiso algo incómodo? Pues para ellas debe serlo, ya que estando en relaciones de larga data, no lucen satisfechas y pareciera les gustaría ser la otra.

Las razones continuaron por una lista de ventajas: «disfrutas de la mejor parte de él; paseas, viajas y no tienes compromiso; le lavan y planchan en su casa, etc. etc.etc».

Busqué dentro de mí herramientas para no juzgarlas. Recordé todo el dolor que sentí cuando fui engañada y lo inmenso que fue cuando supe que la otra era yo sin saberlo. Entonces comprendí que el problema para mí es que ser la amante es estar involucrada en una mentira y una de las pocas cosas que tengo claras es que la falsedad hace daño a todos los involucrados.l-otra

Sin embargo, me interpela que mujeres maduras y con parejas bien establecidas se planteen con seriedad y convicción el ser la amante como una opción válida e incluso mejor que ser la oficial. Sentí que están en una insatisfacción profunda que ellas mismas no han logrado comprender en su real dimensión.

¿Cuál sería su reacción si se enteran de que sus parejas tienen amantes? ¿Estarían de acuerdo y se buscarían uno ellas? Es una opción probable, pero ¿estarían solucionando su insatisfacción? Me temo que no.

Los psicólogos plantean que siempre las situaciones de dolor, aunque nos causen incomodidad, nos brindan ganancias secundarias y que esa es una de las razones por las que nos mantenemos en el sufrimiento. Pero creo que uno de los más graves problemas que tenemos como sociedad es el juicio que hacemos a «la otra»; no nos ponemos en sus zapatos, no buscamos comprender qué la lleva a tomar esa decisión, por qué siente que no merece el amor al 100% y considera que es mejor desde el no compromiso, desde lo oculto, desde el engaño. Cuando dejemos de juzgarla es posible que le estemos dando una opción para la reflexión y el cambio.

El reto de nuestra mujerabilidad siento que está en mirarnos por dentro para aceptar nuestros dolores, comprender nuestra esencia y avanzar hacia una femineidad integral, sin necesidad de mentirnos a nosotras mismas ni disfrazar nuestras insatisfacciones con posiciones que estoy segura nos hacen mucho daño.

 



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