Decepción: qué viene a decirme

La vida siempre nos colocará situaciones que  nos confrontaran con nuestras expectativas, porque uno de las principales motivos para sentirnos decepcionados viene dado por un extenso número y de una gran variedad de expectativas que nos hacemos en referencia a distintos temas, personas o cosas. Éstas se sincronizan con nuestro mundo de las creencias y se manifiestan a  través del deseo de tener el control para que los logros se den tal cual pensamos o planificamos.

El caso importante es que el sentimiento de tristeza o disgusto que sentimos cuando algo no resulta como teníamos esperanzado, es sometido a una lejanía como si nosotros no fuésemos los responsables de ese sentimiento, cuando en realidad formarnos expectativas es una cuestión de elección y no un fallo o error ubicado en lo exterior. Las situaciones vienen dadas de distintas formas para aprender y crecer de ellas, al aferrarnos a lo que pudo ser o resultar, simplemente nos ancla y desvirtúa el provecho que podemos extraer.

A los seres humanos en general, nos cuesta soltar y fluir en una corriente natural. Somos de la opinión que mientras mas variables tenemos bajo control mejor será; y esto es parcialmente cierto porque  lo imprevisto o sorpresivo de los eventos nos alimenta, nos prepara, da conocimiento, versatilidad, seguridad. Ahora bien, la decepción y créanme sucede, es un estado que dispara o muchas veces es utilizada por algunas personas para sentirse dispuestos a realizar cosas que hasta ese momento han estado paralizadas, y hasta allí suena bien. Pero el razonamiento es: ya que me siento decepcionado aprovecharé para hacer cosas que hace algún tiempo no ejecuto, y el punto es que esa actitud va acompañada de cierta autocompasión y desánimo, estados éstos que van en contra para apreciar las oportunidades que se presentan.

Estar a la espera de algo que puede suceder o no, efectivamente nos puede llenar de frustración si no monitoreamos lo que esta sucediendo con nosotros a nivel interno, y esa es la verdadera oportunidad. Revisar nuestras conversaciones silentes, la forma poco amable como podemos tratarnos ante una negativa, los juicios que hacemos sobre nosotros mismos, los patrones de pensamientos que emergen cuando no se han logrado los objetivos y que luego se convierten en argumentos, excusas y peor aún creencias para no volver a intentar. Permanezcamos sosegados para encontrar el verdadero significado de lo acontecido, porque siempre éste se mostrará si damos el permiso.
Confiemos un poco más en la sabiduría de la vida siempre será mucho mayor que la nuestra.

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