Decir no: ¿antipatía o autonomía?

¿Cuántas veces has dicho sí queriendo decir no? ¿Has sido víctima de manipulaciones psicológicas? ¿Chantaje emocional?

La primera invitación que te hago es a revisar si dentro de tus objetivos o necesidades personales está el de pretender agradar a todo el mundo, y si bien es una idea hermosa el buscar ser aceptado, no menos cierto es que es prácticamente imposible que seas del agrado de todos. Por otra parte, si para agradar a otros sientes que tienes que asumir una conducta servil y ceder ante los deseos de los demás dejando de lado los tuyos, pues tengo que decirte que estás en una posición de dependencia que te anula como persona, y aunque eso te haga ganar la aprobación de otros, toma en cuenta que esa aprobación durará el tiempo en que estés en una aceptación permanente ante sus deseos y que perderás una de las aprobaciones más importantes, la tuya.

Quien te ama realmente te respeta, no olvides eso, no es por interés y sabrá entender el momento en el cual no puedas complacer una petición, entendiendo además que no es por descortesía, sino que en ese momento tienes razones válidas que no te permiten decir que sí, sin que esto afecte la relación.

Es hermoso el poder ayudar a otros, pero hay momentos en los cuales no es posible, por ejemplo:

  •  Cuando afectaría algo importante que tienes que hacer como un compromiso ya establecido y que es importante, es decir, afecta tus prioridades.
  • Cuando te piden algo que va en contra de tus valores y creencias.
  • Cuando las consecuencias de decir sí no te convienen.
  • Cuando no dispones del tiempo suficiente y por lo tanto el involucrarte en otra actividad más acabaría dejándote inmerso(a) en el estrés y el desgaste.

Saber decir no

Si bien es importante establecer límites, también lo es el sentido de humanidad, las relaciones. Ser generoso(a) y colaborar con otros es maravilloso, pero debemos encontrar un equilibrio entre ser altruista y ser servil; por eso es necesario entender que hay ocasiones en que debemos decir no.  No es tanto lo que se dice, sino cómo se dice lo que afecta las relaciones. Un no poco empático e incluso agresivo te puede hacer perder una relación; lo fundamental es ser asertivo, decir no con firmeza, pero con calidez, expresando de ser posible las razones que te impiden decir sí, de una forma amorosa sin por ello perder la contundencia de tu decisión, y si aun así, la otra persona no lo entiende, pues es su proceso, no el tuyo y, sobre todo, no dejes que te invadan sentimientos de culpa.



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