Decisión vs Destino

Automáticamente recuerdo el video de Fatboy Slim titulado “Weapon Of Choice” (Arma de Decisión).  Aquel donde Christopher Walken aparece bailando jazz. Una parte de la letra dice repetidamente: “You can go with this or you can go with that” (Puedes ir con éste o puedes ir con ese). Esa es una línea poderosa. Otorga libertad. Al menos la recuerda. “Puedes ir con éste o puedes ir con ese”, “Puedes hacer esto o puedes hacer lo otro”, “Puedes viajar al norte o puedes viajar al sur”. Las posibilidades son prácticamente infinitas. Un mundo de opciones. Eso me resulta fascinante. Tengo poder. ¡Tenemos poder! Ahora, ¿por qué estamos dónde estamos? ¿Por qué hacemos lo que hacemos? Muchos quisieran vivir en otro lado o estar desempeñando otro oficio, pero no lo hacen. Aún cuando, teóricamente “pueden” hacerlo. ¿Qué sucede entonces? ¿En cuál punto falla el sistema? Hay gente que tiene la respuesta. La usan a diestra y siniestra de forma conveniente. Es su carta bajo la manga, su comodín infalible. Culpan de todo al destino.

Esa es una solución algo romántica, utópica, liberadora y sumamente deprimente. Hablamos de una autopista de una sola vía donde ni siquiera tenemos control del volante, el acelerador o el freno. Vamos sentados con un cinturón de seguridad que nos aprisiona todo el cuerpo hasta el punto en que sólo podemos ver y oír lo que nos depara ese destino. Sería más interesante pensar en la vida como una serie de caminos y senderos cortos, largos, simples e intrincados. Atajos, subidas, desvíos, túneles subterráneos, ríos, colinas, ¿qué se yo?  Nuestra existencia sería más divertida si tuviéramos el control. De lo contrario estaríamos viendo un video juego en modo “demo” sin poder cambiar nada al tocar los botones. Como cuando íbamos a un sitio de maquinitas sin dinero. Eso es triste. Para otros es muy alegre. Hay credos enteros dedicados a esta creencia. “Eso estaba destinado…”. ¿Por quién? ¿Dónde está el contrato que firmamos antes de nacer para cederle poder a ese destino? ¿Acaso no fuimos creados con libre albedrío? ¿Adán entonces no desobedeció al morder la manzana sino que estaba destinado a hacerlo para marcarnos con el “Pecado Original”? Esto es una visión muy cómoda de la vida. Si decidimos quedarnos en la cama para ver la obra del destino, ¿algo nos sacará a la calle o estaremos “destinados” a seguir acostados? En primer lugar, ¿será posible decidir algo una vez que está escrita nuestra existencia? No es lógico. Un texto modificable es improvisación, y la improvisación sería todo lo contrario al destino.

¿El trabajador está destinado a laborar y el ladrón está destinado a robar? ¿No podrían intercambiar papeles en algún momento? Y si lo hacen, ¿fue producto de su decisión o de su destino? ¿Nacemos para vivir en piloto automático hasta que estemos destinados a morir o podemos decidir lo que pasará cada nuevo día? Despertar, comer, amar, odiar, reír, llorar, trabajar, dormir, ¿todo eso está fríamente calculado?  ¿Es posible ver eso en nuestro aura ó se puede calcular con el horóscopo? Si llamamos a un vidente de la TV, ¿él podrá adelantarnos parte de nuestro libreto? Si en la palma de nuestras manos está trazado nuestro destino, podemos descifrar sus líneas y ver el final de la película. “Me casaré dos veces y moriré a los 63 años”. Y si a mitad de camino decido quitarme la vida, sólo por capricho, ¿esa línea en mi mano se hará más corta justo al momento del suicidio? No lo creo.

Es ahí cuando vienen las favorables adaptaciones. “No, bueno, está destinado dónde vas a nacer y más o menos a quienes vas a conocer en tu vida, pero el resto sí lo decides tú”. Eso me parece trampa. Porque la misma libertad con la que cuento, debieron haberla tenido mis padres, así que era decisión de ellos dónde nacía yo, por lo tanto no era MI destino. Es que cuando hay conflicto entre destino y decisión la partida está robada. El destino es inviolable, inalterable, en él no hay “tutía”, ahí no cabe una decisión de último momento. Los que creen en el destino le atribuyen hasta el más mínimo cambio de idea. Van a jugar ruleta en el casino convencidos de apostarle al rojo, se sientan, le dan sus fichas al croupier y le dicen: “Todo al rojo”. Están seguros, andan como obligados a hacerlo por una fuerza que no conocen. Pero justo en el último momento exclaman: “¡Ya va!  Mejor al negro”. Ellos juran que engañan a ese destino, se creen más astutos que él y luego viene lo curioso. Si ganan pueden decir: “Mi destino era perder, pero lo vencí, ¡tomé la decisión de cambiar y gané!” o pueden pensar: “Qué implacable es el destino, a último momento me hizo cambiar la apuesta para ganar”. Según lo veo es un juego de Ego. Ser humilde para aceptar la victoria que obsequia lo que está escrito o atribuirse orgullosamente la escritura de lo sucedido. ¿En qué se cree entonces? ¿En el buen destino o en el buen Yo?

Más interesante es lo que sucede si pierden. Pueden decir: “Mi destino era ganar pero vine a arruinarlo con mi sed de aventura” o más interesante aún son los que comentan: “Estaba escrito que perdería ese dinero de todas formas.  Lo asumo y lo acepto”. Eso sí es algo curioso. Fracasar tranquilo. Es aquí donde encuentro maravilloso culpar al destino.  Si usted llega tarde, si le despiden, si termina una relación, si le choca un carro, TODO lo malo estaba escrito. No es su culpa. Y como no puede escapar de ello, sólo lo acepta con resignación y sigue adelante.  Es más, ni siquiera se toma la molestia de reintentar lo pasado porque no está programado en su futuro. ¡Es una maravilla! Es lo que más escuchamos en los funerales “Era su destino”, “Ya le tocaba morir”, “Su muerte estaba escrita”. Las capillas velatorias se llenan de profetas. Todos saben el futuro. Todos tienen su opinión de lo que es “mejor”.  No los culpo, es difícil encontrar palabras de consuelo cuando perdemos a un ser querido, por eso lo más cómodo y práctico es culpar al destino. Incluso el asesino puede venir a dar el pésame diciendo: “Lamento mucho su pérdida, pero estaba escrito que yo le iba a disparar a su marido”. Quisiera ver la cara de la viuda si le dijeran eso. Creo que en ese momento no sería precisamente la militante más activa del destino.

¿Entonces, qué? Mientras no sepamos qué está escrito para nosotros, ¿seguimos jugando a los escritores? Muchos tratan de sacar información proveniente del verdadero autor. Con cartas, caracoles, tabaco o posesiones tratan de comunicarse con la editorial. Se conforman con saber el prólogo o el índice del asunto. Es ahí cuando vienen los brujos y hechiceros con su veredicto: “Todo va a salir bien, pero debes… Y comprar… También bañarte con… Más mis honorarios… El total es…” ¡Un momento! Si está espiando el guión de su vida, se supone que ha visto lo que está destinado a pasar. No hay para donde ir, ¿cierto? Si se va a comprar una casa, se la va a comprar. Si le van a montar los cuernos, se los van a montar. Ese brujo vio el trailer de su película pero no puede reeditarla. Ni él ni usted con todos sus brebajes y rituales. ¿Es así o me equivoco? Es que las mismas películas venden el Destino… ¿Cuántas veces no ha escuchado este diálogo?: -“Is your destiny…” -“But I’m just a man!” (-“Es tu Destino…” -“¡Pero sólo soy un hombre!”)  Creo que en la totalidad de los films donde dicen estas frases siempre el protagonista, que era sólo un hombre, cumple su destino. Sólo o con una pequeña ayuda de sus amigos, pero lo cumple.  Así como sucede en las cuatro películas de Destino Final. Si algo nos enseñan esos largometrajes es que NO se puede escapar del Destino.

 

 



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