Define tu propia versión de éxito

Generalmente creemos que los ganadores son los que tienen mejor status: celebridades, políticos, atletas, personas con dinero. Estamos arraigados a la idea de quién tiene más dinero, es el mejor en la escuela, es el jefe o tiene muchas cosas/carros/casas, es quien tiene éxito. ¿No es así?

Mientras esas cosas pueden sonar tentadoras, no es la única vía para ser exitoso.

Cada uno de nosotros es único, buscamos la felicidad de muchas formas de manera que no sólo el estatus es lo que importa. Por lo que, si quieres tener una vida que esté alineada contigo mismo, necesitas ser claro y honesto en qué es el éxito para ti.

Hazte preguntas como: “¿Es más dinero lo que cuenta o tener lo suficiente que tampoco estés todo el día trabajando?” o, “¿Son los premios y la fama lo que añoras o trabajar de forma independiente para que tengas más tiempo con tus seres queridos?”. Para muchos, el dinero es la prioridad número uno en su lista, mientras un balance de vida/trabajo es la prioridad para otros.

Quizá solamente quieres ser feliz haciendo algo que no atraiga masas o pretendes cambiar el mundo en tu pequeño rinconcito. Eso es completamente normal, es preferible tener más libertades que ser el jefe (o el más rico) si buscamos hacer algo acorde a nuestros valores.

Yo también fui culpable de buscar ser el mejor en todo lo que hacía, pero ese esfuerzo inútil únicamente me atrajo más estrés… ¿Sabes como veo el éxito ahora? Tener la libertad de hacer lo que quiera, cuando/donde quiera y saber que estoy ayudando a los demás. Así de simple.

Y, ¿cómo reconoces a una persona exitosa? Es aquella que se siente más viva. No es quién pospone su felicidad para un futuro, es quién disfruta lo que hace cada momento de su vida. Por eso el éxito debe ser un simple parámetro pero no el destino final.

Cada uno tiene prioridades diferentes en la vida, por eso es importante que crees tu propia métrica del éxito y busca que esa sea tu verdadera guía, no cualquier estándar que la sociedad te haya impuesto.

Una vez que dejemos atrás la búsqueda de seguridad y estatus, seguramente descubrirás que es mucho mejor soñar que no soñar. No sólo sentirás que mereces hacerlo, sino que estarás más preparado para seguir luchando por lo que tú realmente valoras.



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