Del grito al grato

Soy maestra de preescolar y mamá de dos hermosos y MUY VOLUNTARIOSOS hijos. Recientemente me hicieron mi evaluación anual de desempeño y aparte de decirme que soy una maravilla de maestra (ejem, ejem), me hicieron la observación de que en ocasiones levantaba mucho la voz, es decir, grito pues. Me dió risa porque no me dijeron nada que no supiera ya pues en mi casa cojeo de la misma pata; también me dió pena pero gracias a Dios como ya yo me había dado cuenta del problemita le conté a mi jefe que desde hace tiempo empecé a tratar una estrategia que cuando la leí me pareció absurda pero igual decidí darle el beneficio de la duda a las autoras.

¿Por qué decidí tratar? Porque cuando grito me da verguenza, porque cuando grito no resuelvo nada, ni siquiera me hace sentir mejor, porque cuando grito asusto a quien tengo en frente, porque gritar a otro es una falta de respeto, porque se me sale el corazón por la garganta, porque cuando grito me veo fea (me acuerdo tanto de la pelicula Monsters Inc., una de mis top five).

Se trata de que cuando notes que estás a punto de gritarle a alguien, en lugar de gritar le des un abrazo. Si, leíste bien, en lugar de gritar da un abrazo. No es que el abrazo vaya a resolver el problema que te está irritando o frustrando, pero definitivamente pone todo en una perspectiva diferente. (ADVERTENCIA: No tratar esta estrategia con el mecánico, o la cajera del automercado, puede resultar altamente peligroso. Solo aplicar con gente a quien quieres)

Mientras escribo estas palabras me debato entre contar cómo ha sido para mí o dejar que te sorprenda el resultado porque lo que se siente es tan maravilloso, y los resultados también… ¿Qué hago?



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