Dentro o fuera del bote de basura

Me contaba un amigo en una oportunidad:

“¿Ves aquel hombre?, vive en un barrio muy peligroso para él y para sus hijos. Todos los días se queja del desorden de la gente, de la basura, la delincuencia y otras cosas más. Lo cumbre es que es un profesional, gana mucho dinero y dice que no se va a ir de allí porque no paga servicios de luz, agua, aseo, ni impuestos. Lo que le sobra del sueldo lo usa para gastarlo en fiestas todos los fines de semana; pagar los intereses de los préstamos que pide constantemente, ya que el dinero que le sobraba se lo gasta en la lotería, los caballos o cualquier otro juego de azar; en una que otra salida a la playa con los vecinos que no trabajan, pero hay que tenerlos de amigos por si acaso y pare usted de contar. Él sabe que con el dinero que gana puede optar por un mejor lugar para vivir; ahorrar para hacer turismo en el exterior o comprarse un carro. Sin embargo, alega que donde está y como está, vive bien”.

Yo sintetizo la historia de mi amigo diciendo: -En resumen, quieres decir que a ese personaje, le gusta vivir dentro de un bote de basura-.

-¿A qué te refieres?- pregunta mi amigo. Yo le respondo de la siguiente manera:

Vivir, resulta para muchos de nosotros una responsabilidad fascinante, es como un lienzo que crece con los años y que a medida que avanzamos en edad, se van dibujando escenas de nuestra vida, que al final pueden convertirse en una obra maestra. Sólo si nuestra buena actitud lo permite será una gran obra de arte.

Para otros, la vida sólo puede compararse con un cesto de basura. Decir algo así puede resultar ofensivo para algunos. Para mí no es más que el reflejo de una realidad que muchos deciden querer ser. En serio, muchas personas aceptan ser un desperdicio. Sé lo dura y cruel que puede sonar la anterior frase, pero la escribo con el firme propósito de llamar tu atención.

Hago con tal altivez estos comentarios, por la ocupación mía y de muchos, de ver como suelen existir grandes talentos llevando una vida de incoherencia e irresponsabilidad. Cualquiera me diría que es su decisión y es cierto, pero es una decisión muy egoísta, aderezada en exceso con miedo, prefieren estar en ese círculo de aparente comodidad o confort que le proporciona su estado de indigencia mental.

Cuando una persona sabe que el lugar donde está, resulta ser para él y los suyos una zona peligrosa o insalubre en todos los sentidos; y sabe que tiene los mecanismos o recursos para salirse de allí, pero no lo hace; es una actitud que, además de masoquista, resulta ser neurótica. No es sano, es una forma de auto infringirse sufrimiento o estrés, que muchas veces justifican con argumentos que no son propios de una persona que se aprecie.

Algo quiero dejar en claro, las zonas populares y humildes, como algunas de las barriadas de muchas ciudades donde ciertas veces transité e incluso por labores sociales pernocté, no son en sí el cesto de basura. Son quienes habitan estos lugares quienes volviéndose algo inútil, convierten sus residencias en basureros. No es una cuestión de qué poseemos, se trata de nuestra actitud y de una mentalidad de superación individual y colectiva.

Por ende, es importante que aquellos que deciden salir del cesto de basura, tengan siempre presente que no es el lugar lo que los hace ser un desperdicio. Mudarse a una zona exclusiva, con un nivel social y status más elevado, no nos hace mejores, son nuestras acciones las que nos hacen diferente.



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