Derrotar el gen de la obesidad

Derrotar el gen de la obesidad

Hace algunos años, 43 científicos firmaron un trabajo fundamental para entender por qué algunas personas tienen mayor tendencia a ser obesas, ya que reunieron suficiente evidencia para demostrar que el gen FTO estaba directamente relacionado con el índice de masa corporal y la predisposición a la obesidad en niños y adultos. Alojado en el cromosoma 16, el gen tiene distintas variaciones y la copia de alguna de ellas puede aumentar en un 30% la posibilidad de que un individuo desarrolle sobrepeso. Dos y tres copias multiplican el riesgo y, por extensión, facilitan cuadros diabéticos.

Los rollitos en la cintura, la papada y las revolveras son culpa de la genética, habrán pensado algunos, no tiene sentido luchar contra la naturaleza. Pero la voluntad de cada quien puede jugar un papel determinante y así lo demuestra un artículo de Alice Park en la revista Time.

El Instituto de Ciencia Metabólica, en Reino Unido, desarrolló su propio experimento para demostrar que los hábitos pueden luchar contra el gen de la obesidad y los datos son alentadores. La muestra abarcó 218.000 personas con al menos una copia del gen FTO y, de entrada, se descubrió que un poco de ejercicio reduce el riesgo de sobrepeso en un 27%. En casos más extremos, como individuos con dos copias del FTO, la predisposición a la obesidad es de 70%, pero el ejercicio la reduce hasta 49%.

¿Y qué significa un poco de ejercicio para estos científicos? Una hora semanal de actividad entre moderada y vigorosa, es decir: pasear al perro 10 minutos cada día. Es decir: caminar hasta el trabajo. Es decir: hacer jardinería de vez en cuando. Es decir: montar bicicleta con la familia cada domingo. No hay que ser maratonista para evitar que la genética nos juegue una mala pasada.

El FTO es muy común entre caucásicos y afroamericanos (74% y 76% tienen al menos una copia, respectivamente), y se reduce en los asiáticos (44% tiene al menos una), pero en cualquier caso la actividad física es definitoria. Un buen ejemplo son los amish, cristianos conocidos por su rechazo a la tecnología y facilidad para todo tipo de trabajos manuales. En 2008 se tomó una población de ese grupo religioso con variaciones del FTO y quedó claramente demostrado que, incluso entre aquellos con mayor propensión al sobrepeso, su estilo de vida podía más que sus genes.

El artículo de Time concluye diciendo que aún no queda claro cuál es el proceso químico y biológico en el que nuestro ADN reacciona ante la actividad física, pero ese porqué puede esperar un poco. Basta con saber que quedarse en el sofá y echarle la culpa a la genética es, cuando menos, un despropósito.



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