Desarrollando la resiliencia

La resiliencia se ha popularizado en los últimos años y casi todo el mundo ha escuchado algo sobre esto. Hay varias definiciones, pero todas coinciden en que se trata de una capacidad para enfrentar las situaciones adversas y salir airoso, integrarlas en la vida y recuperarse más rápidamente de ellas. Cuando las personas resilientes se enfrentan a la adversidad experimentan las emociones negativas por menos tiempo y con menos intensidad, a la vez de exhibir un modo exploratorio de la situación caracterizado por la curiosidad y la apertura en lugar de replegarse.

Las investigaciones han puesto de relieve que la resiliencia está asociada con lo que se conoce como espirales crecientes. Este es un término que se usa en investigación para referirse a procesos progresivos de crecimiento de variables que tienen un efecto reforzante entre si, produciendo una onda expansiva. La resiliencia es la puerta de entrada de una espiral creciente que expande el logro, los recursos internos y externos, las experiencias de flujo, el engagement y el bienestar.

Se ha encontrado que la resiliencia tiene una base neurobiológica firme. Básicamente está asociada con una mayor densidad del lóbulo pre frontal del cerebro y de una mayor capacidad para transportar una neurotransmisor llamado serotonina. Algunos científicos han propuesto que estas características son un reflejo de factores genéticos o de experiencias de apoyo, soporte y vínculo fuerte durante los primeros años de vida. Esto la dejaría reservada sólo para una parte de la población.

Sin embargo, algunos científicos sostienen que si bien hay diferencias individuales debido a estos factores, una persona con bajo nivel de resiliencia, podría desarrollarla. Así que voy a presentar algunas recomendaciones que he encontrado pueden ser útiles para mejorar esta importante capacidad.

Primero que nada es muy importante modificar lo que se conoce como estilo afectivo. Las personas con baja resiliencia se caracterizan porque las partes del cerebro especializadas en activar las emociones (conocidas como cerebro límbico) pueden operar al margen de las partes especializadas en la integración y la auto regulación (corteza pre frontal). Esto se conoce como modo afectivo reactivo. La resiliencia implica una mayor intervención cortical y para construirla es necesario crear los circuitos necesarios para que ésta intervenga. Esto se logra enfrentando las situaciones críticas con mayor paciencia, moderando su expresión conductual y en el lenguaje. Es importante reducir las quejas y hablar en exceso.

Al margen de las situaciones críticas, en la vida cotidiana, desmontar en la medida de lo posible el comportamiento automático, tomando mayor conciencia de lo que se hace, intentando disfrutarlo y saborearlo. Puede ser una caminata o actos usualmente rutinarios como darse un baño o comer.

Ante las situaciones críticas es importante respirar profundo y mantener la calma, buscando conectar con la serenidad. Fuera de estas situaciones críticas, también es importante dedicar un tiempo diario a aquietar la mente y producir un estado de calma.

Resulta ideal dedicar unos minutos diarios a conectar con emociones positivas producidas internamente. Puede usarse una visualización, escuchar música, recurrir a la memoria afectiva, realizar alguna actividad estimulante o compartir con una relación nutritiva.

Para los que tengan mucha actividad mental y sean muy dados a la conversación interna, tienen que tener presente que esto se convierte en un hábito y que al hacerlo en forma repetida durante años, se forman asociaciones que dan cada vez más injerencia de esta modalidad sobre la atención, distrayéndola de otras fuentes de información relevantes. De manera que es importante desatender deliberadamente este discurso interno.

Un hábito que vale la pena cultivar es el de la meditación. Algunos psicólogos y médicos se refieren a esta actividad como Mindfulness, traducido como Atención Plena. Con esta práctica se busca desarrollar un estado consciente y alerta, usando la respiración como eje, se pretende tener en cuenta los contenidos mentales, como ideas, pensamientos, emociones, sentimientos y sensaciones corporales, sin ser cautivo de ellos, fortaleciendo así la auto observación y el estar presente. Es una actividad que logra en forma simultánea algunas de las recomendaciones anteriores.

También son recomendables ejercicios psicofísicos que promuevan la sensibilidad del cuerpo, tanto a nivel de la representación corporal como respecto a la sensibilidad interna. Igualmente, resulta beneficioso explorar los sentimientos internos e intentar verbalizarlos, con la intención de contactar con ellos y de aumentar las distinciones usadas para reconocerlos.

Todos estos ejercicios, si bien son externos y tienen una manifestación concreta, tienen como propósito desarrollar circuitos en el cerebro (conexiones sinápticas). De manera que su utilidad no es como un medicamento para el dolor de cabeza con acción instantánea. El cerebro tiene una propiedad llamada sinaptoplasticidad que consiste en modificar las sinapsis previamente establecidas por la repetición o en crear nuevas asociaciones. Para poder crear este recableado es necesario repetir una y otra vez estos ejercicios, aunque no se vean los resultados. Mientras más horas de vuelo, más permanentes son los cambios.



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