Desconectados

Este artículo comenzó a escribirse cuando hace algunos días un amigo me preguntó ¿No es incómodo cuando estás con una persona y está más pendiente de lo que pasa en su celular? Y esa misma noche, una muchacha me dijo lo mismo. A ambos les respondí que sí, que había observado eso en una situación hace poco tiempo y me hice cargo, algunas veces también lo hago.

El desarrollo de la tecnología me gusta, sirve y reconozco que nos permite tomar contacto de manera más inmediata y fácil con otras personas, incluso a distancia, y hasta colabora en las relaciones laborales. Sin embargo, a veces, por estar encerrados en lo que pasa en el celular dispersamos la atención de lo que está sucediendo alrededor, nos desconectamos de quienes están compartiendo el momento, del entorno, de nuestro interior, de sentir, de estar presentes. No es la tecnología, somos nosotros.

Hemos llegado a sostener nuestras relaciones y diálogos, hasta los íntimos, de manera virtual. Cambiamos el hablar mirándonos a los ojos, por un fugaz chat de Wassap. O estamos teniendo una conversación con alguien, escuchamos el ringtone del mensaje entrante y en piloto automático tomamos rápidamente el teléfono, como si fuese a autodestruirse en 10 segundos como en Misión Imposible si no lo leemos ya mismo.

Y me pregunto ¿Es eso una comunicación real? Que cada uno encuentre su respuesta.

Cuantas más aplicaciones, juegos y mensajerías descargamos, más habrá para estar pendientes del celular. Para dividir la atención en muchas partes, y andar con la mirada perdida. Hace un tiempo decidí dejar instalado en mi teléfono, sólo lo que realmente me resulta útil para comunicarme y trabajar. Ni más, ni menos.

Ayer almorzaba junto a mis tíos y primos, tomé mi teléfono para publicar una foto en Instagram, y una de mis primas me dijo: ¨En la mesa, quitamos los celulares del medio, es una oportunidad para estar juntos y no distraernos¨. Devolví el teléfono al bolsillo, y con una sonrisa le di las gracias.

Es cierto, el mundo puede esperar. A veces, el amor pide que hagamos espacio, y silencio, para poder entrar. Apaguemos un poquito el celular, y encendamos los sentidos.



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