¿Desconexión?

La vida moderna nos succiona de tal manera que queda poco tiempo para disfrutar de las cosas cotidianas de la vida.

Lo ideal sería que en pleno remolino diario aprendiéramos a hacer pequeñas pausas y apreciar la sencillez de lo que tenemos alrededor y lo que estamos viviendo en ese momento presente.

En algunas ocasiones cuando el estrés se apodera de nosotros, se puede considerar un descanso vacacional, así se sea de dos días para volver a reconectar con tu interior. El estrés hace que nuestra mente esté muy acelerada evitando un descanso real, en donde inclusive la calidad de nuestro sueño se ve afectada.

Al tomar ese merecido “descanso” y estar lejos de lo que es habitual para nosotros, la mente puede al principio resistirse al descanso, tiene la tendencia a aburrirse y busca mantenerse ocupada, dándole vueltas a esa pensadora que no para o buscando conectarse al teléfono inteligente para observar todo lo que está sucediendo en esa realidad virtual.

Lo recomendable es “desconectarse” por completo para lograr esa conexión con la naturaleza, con tu familia o simplemente con tu mente y tu guía interior. Cuando me refiero a desconectarse, no es sólo ir a un hermoso lugar, es también lograr esa desconexión del mundo cibernético.

Los teléfonos inteligentes son maravillosos y es increíble la cantidad de información que tenemos a nuestra disposición, pero estas pequeñas herramientas se han vuelto adictivas y nos envuelven en realidades paralelas las cuales nos impiden vivir y apreciar el presente que tenemos a nuestro alrededor.

Si nos regalamos la desconexión por períodos cortos de tiempo al estar fuera de la ciudad o inclusive durante la semana, esto promueve apreciar cosas que actualmente están pasando desapercibidas y te permitirá focalizarte en la simpleza de la vida.

Cuando la desconexión sucede, se pueden presentar innumerables momentos mágicos, como los que voy a describir a continuación cuando estuve en la playa recientemente:

Al observar el mar, me relajé de tal manera que mi mente quedó en blanco por algunos segundos; un sentimiento de profundo agradecimiento me invadió y disfruté de las sensaciones que experimentaba mi cuerpo, noté el olor del agua salada, sentí el calor de la arena bajo mis pies, me deleité con el brillo de las olas y poco a poco mis ojos se fueron cerrando y me conseguí apreciando el hermoso sonido del mar… y allí permanecí por varios minutos.

Luego, al abrir mis ojos, volví a observar el mar en la distancia y vinieron a mí preguntas sobre los misterios de este maravilloso mundo en el que vivimos….

 ¿Por qué y para qué estamos aquí?

Desde mi interior recibí respuestas muy simples… creo yo que estamos aquí para VIVIR el VIVIR.

Un ave cruzó el cielo y  comprendí que su misión es volar, alimentarse, reproducirse y formar parte de la cadena alimenticia.

Nuestra misión es vivir y disfrutar lo que la vida nos otorga… hay muchas otras misiones pero esta es la más simple que mi interior me transmitió y con la que prefiero quedarme por el momento.

Luego de mi gratificante experiencia, no sentí la necesidad de conectarme al teléfono y continué sumergiéndome en esas gratas experiencias que a veces se pierden por andar viviendo constantemente realidades virtuales.

Podemos elegir como vivir nuestros momentos presentes y alejarnos por pequeños periodos de tiempo del innumerable caudal de información que nos llega, y recordar que siempre tenemos a nuestra disposición el volver a lo básico y al disfrute elemental de la vida:

  • Disfrutar plenamente de una buena comida
  • Disfrutar de la compañía de familia y amigos, prestándoles atención sin tener nuestra atención parcializada entre el teléfono y lo que hablan
  • Apreciar una buena copa de vino
  • Disfrutar de la sonrisa de un niño, del resplandor del sol, del verde de las hojas y las diversas tonalidades de las flores
  • Ver al cielo por un rato

Disfruta la vida, toma pausas, respira hondo y si estás muy agobiado toma un pequeño descanso que te permita volver a tu centro.



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