Descubriéndome a través de la apnea

Hacer apnea se trata básicamente de retener el aire de forma voluntaria. Existen diferentes modalidades en este deporte: profundidad, dinámica y estática. Es una actividad de “riesgo controlado” y definitivamente realizar el curso, con la campeona venezolana Iru Balic, era uno de esos check list que tenía pendiente por hacer.

En el año 2014 tuve un primer acercamiento en Chichiriviche de la Costa, cuando le hice un reportaje especial a Iru, para Meridiano Tv. Ella posee 13 récords nacionales y obtuvo el primer lugar del ranking mundial entre mayo y septiembre del 2013.

Dos años más tarde todo se sincronizó de manera perfecta para hacer el curso. En un caso además particular, pues entré en la primera promoción de estudiantes venezolanos de la escuela PADI, a pesar de que Iru tenía años de experiencia dictando cursos con AIDA y DAN. La privilegiada academia PADI le otorgó el título para comenzar a dar clases con el aval de ellos.

Así que comencé mi aventura con la teoría de la apnea, con diversos estudios que es importante comprender muy bien antes de hacer la primera práctica en agua. Este deporte ha tenido algunos accidentes y todos se habrían podido corregir con los conocimientos y cuidados actuales. Así que mi atención estaba muy centrada en cada palabra de la profesora, porque básicamente de esto dependerá mi vida y la de mis compañeros.

Una vez que terminamos estas horas teóricas, llegó la hora de las prácticas en piscina. Gracias a una invitación de ManuMeru pudimos estar en la hermosa piscina del Centro Portugués. Aquí cada vez el grupo se hacía más homogéneo.

Eduardo Caruso, Paola Mesa, Carlos “Marciano”, Reinaldo, Jorge, Liss, Oksana, Celso Hernández, Elio y Joel éramos los protagonistas de la película que Iru nos había contado días atrás, en el salón de clases. Fue una semana increíble en la que cada día superábamos nuestros límites anatómicos y mentales, para imponernos nuevos récords de tiempo y distancia.

Una de las cosas que más me gustó de estos ejercicios fue “sentir”, porque justamente eso es lo que debemos hacer. Escuchar nuestro cuerpo, comprenderlo y redescubrirlo. Sin entrar en pánico, con todo el amor y la paciencia que podamos tener para con nosotros mismos.

Fue el último día de mis prácticas en la piscina cuando me animé a permitirme sentir una contracción. Esto sucede cuando el cuerpo comienza a manifestarse porque aumenta el nivel de CO2, y esta alarma nos lo recuerda. Sin embargo, esta señal mejora con entrenamientos y prácticas. Al principio me daba miedo, pues quería evitar sentir estas contracciones involuntarias.

Gracias a mis nuevos conocimientos y el confort de tener a una persona tan experimentada como Iru, me dejé llevar y relajadamente comencé a sentir estas “famosas” contracciones y ¿saben qué?, fluí con ellas. Sentía que superaba mis límites y recordaba que todo está en nuestra mente.

Con este cierre de oro, al día siguiente, bien tempranito, me fui con el grupo a Chichiriviche de la costa. Una playa ubicada en el estado Vargas, un spot que me hace sentir segura. La razón es porque desde que estaba en el vientre de mi mamá visitaba este lugar ya que mi familia tenía casa allá.

La meta del fin de semana era probarnos en la modalidad de profundidad y aunque ya había probado un poco de este vicio, estaba segura de que sería mucho más interesante con todas las nuevas sensaciones que había obtenido en la piscina.

Fue así como pasé dos días inolvidables. Entre estiramientos, meditación, relajación, respiración y mucha apnea de profundidad disfruté como nunca de mi querida Chichiriviche de la costa.

Cada vez que salía del agua, conversaba con mi tía María Luisa a quien me llevé para que compartiera un rato con el sol en el que solía ser el patio de su casa (el mar). Ella me preguntaba si sentía ansiedad o estrés al aguantar tanto tiempo la respiración, y la respuesta a esa pregunta es paradójicamente todo lo contrario. La base de la apnea es la relajación y aunque les suene aún más raro, cada vez que salía de una inmersión mi sensación más fuerte era de placer. Creo que es divino respirar, y como lo hacemos aproximadamente 23000 veces al día lo olvidamos, pero la apnea te recuerda lo delicioso que puede ser cada respiración.

Para terminar este “descubrimiento conmigo misma” quisiera reflexionar sobre el ego. Ese que a veces nos domina y ni siquiera entendemos por qué.

Bien, llevaba mejorando mi marca personal de profundidad de -12 para luego pasar a -15. Fue con este número que el ego se me subió a la cabeza. No sé exactamente qué ocurre en mí cuando se trata de competir (es algo que aún estoy estudiando). Sin embargo, ya soy consciente de que soy supercompetitiva, incluso conmigo misma. Así que cuando llegué victoriosa a los -15 metros, pensé que fácilmente podía llegar a los -17.

Al fin de semana siguiente, fui nuevamente a practicar con Iru y mis compañeros. Ese fin quería ganarme y superar mi actual promedio, pero obviamente la vida no me lo permitió. Razones puedo dar… pero básicamente estaba viendo todo por el camino equivocado porque olvidé, por unos días, la verdadera idea de hacer apnea que es DISFRUTAR y sentir placer. Comencé a bajar porque “tenía que ser mejor”, “debía mejorar mi récord”, y así no fluye nada. Incluyendo mi marca de profundidad la cual se estancó.

Así que me fui a Caracas triste, pero sobre todo porque me di cuenta que había perdido mi norte con este deporte. Entonces, comprendí lo que estaba haciendo, lo hice consciente y decidí relajarme y volver a divertirme. El fin de semana siguiente volví a bajar para encontrarme nuevamente con el azul profundo.

En esta oportunidad elegí ir con mi papá, mi linda madrastra y mis dos hermanos varones para que conocieran parte de mi mundo. Todo era un mar de felicidad y había dejado atrás el tema de los metros. En la mañana del domingo hicimos una apneíta estática deliciosa. Fue en piscina y antes de comer, lo cual favorece a la inmersión. Bárbaramente mejoré mi récord a 2 minutos 30 segundos y me sentí muy satisfecha con este resultado. Luego de comer e irnos al mar Iru nos dijo: “bien muchachos, esta será nuestra última inmersión, quiero que todos bajen hasta el máximo que puedan”. En este punto me sentía confiada y feliz, por ello pensé que haría mi mejor esfuerzo. ¿El resultado? -18 metros y lo mejor, lejos del número, es que mi amiga y profesora Iru me dijo: “hoy eres una mejor apneista y no es por el -18 sino por tu actitud dentro y fuera del agua”. Allí fue cuando entendí que la apnea fue un camino para redescubrirme.

Gracias a la mejor profesora y mis queridos compañeros por permitirme ser parte de sus vidas, en este maravilloso deporte. Pasé un mes entre clases, prácticas, entrenamientos y comiendo en el lugar más sabroso de Vargas, Churuata Piarima, un restaurante ubicado en Las Salinas con la mejor atención por Acerina, madre e hija, y la mejor cocina del talentoso Dragan Balic.

Recuerda siempre practicar este deporte de forma responsable, libre de ego, full de conocimientos y con un compañero que te supervise cada inmersión.

Si te gustan las metáforas extremas, lee más en mi web.

¡Aloha!



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