Desde la humedad de mis sueños

Amanece y como una aguja al rojo vivo, el primer rayo de sol atraviesa la habitación estrellándose en lo que queda de mi rostro, me pregunto, ¿es esa la forma de regresar al mundo?
 Proyectados como están mi esencia y mi espíritu, floto entre estas 4 paredes resistiéndome a lo que fue o quedó de mi cuerpo, debajo de las sábanas negras de la enorme cama donde ahora yacen mis restos… Me miro allí y como un disparo corren las imágenes de las últimas 8 horas, confundida; observo el bosquejo de tu lengua y la mía batallando por el dominio de la escena, ¿o de mi mente?
Sobre mi cuello hiciste tu labor y frente al espejo veo los rastros que minutos atrás dejaran sobre él tus dientes, desgarradora y excitante es la sensación que me invade y que hace que me retuerza ante el placer de ese dolor y del éxtasis que me producen tus afiladas uñas haciendo girones de mi piel; dejando en ruinas un cuerpo lleno de marcas y cicatrices de tus victorias donde el dolor se funde con el gozo infinito de tu placer y tu placer hace infinita mi pasión.
Aún emana sangre de mi espalda por tu castigo y a mi mente regresan tus gemidos olorosos a vino, frases en las que con más ahínco me reclamabas como tuya, como si se tratase de un territorio en disputa; nuevamente tuya. Siempre me resisto para provocarte y siempre caes en la provocación, como una fórmula matemática el resultado es el mismo; la lujuria de ese espacio me enferma de un deseo que es cierto porque en el momento en el que cruzas la puerta ya lo extraño; tu lujuria violenta sobre mi piel que es tu lienzo.
 Es una sensación que por rutinaria no deja de ser extraña y es que, hay cosas que aún ocurriendo todos la días siguen siendo extrañas… la espera de tu mirada y de tu piel, una espera que se lleva a cabo en dos mundos paralelos a muchos kilómetros de distancia… No encontrar una palabra para definirte es tan placentero como el delicioso aroma de tu piel de seda húmeda y es que, encerrarte en una palabra cuando eres historia futura aún no contada es engañar al tiempo para que se detenga en la cabalgata de tus besos… Te siento tan intangible en la explosión de cada verso penetrante que delata tu interior y tan palpable por el rojo desquiciante del volumen de tus labios o la inmensa profundidad de tu mirada adictiva; rasgos tan tuyos que me hacen delirar con la aurora boreal de tu ser íntimo.
Cuando cada fragmento de tus sentimientos se asoma sin vergüenza en autenticidad y nobleza, eres todo lo que se ha escrito en las religiones; eres virtud y eres pecado, sin tabú destruyes argumentos; sin tabú posees los desechos de mi cuerpo… No sólo en prosa me recorres sino que haces que mis dedos escriban a tu antojo sobre la sinuosa carretera de tu cintura para estrellarse inevitablemente en el mármol dulce de tus caderas. Destruyes mis defensas con pequeños gemidos, aplastas mi resistencia con el gotear de tu sudor conquistando mis territorios con tus dedos; clavando e izando tu bandera en el asta de mis cuarteles; haciéndome ver conquistada por tu piel y colonizada por tus palabras que suenan a gloria…
Sentada sobre mis sábanas negras cierro los ojos y, con las manos bordeando mi cabeza puedo notar que; aún en mi realidad, era tan sólo un sueño.


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