Desde la neurociencia e intuición, una mirada para nuestro bienestar y armonía

Desde la neurociencia e intuición, una mirada para nuestro bienestar y armonía

Aun cuando el estudio del cerebro humano precede a tiempos egipcios, el término neurociencia es de novísima data, aproximadamente de la década de los 70 del siglo pasado.[1] En esta ciencia se unen diversos enfoques para lograr un mayor acercamiento y comprensión de la estructura y funcionamiento del cerebro humano.

De la década de los 70 al presente han sido innumerables los avances de la neurociencia, y en ella destacan dos visiones contrapuestas que fueron evolucionando hacia lo que actualmente se conoce como teorías localizacionistas (aquellas teorías que buscan aislar estructuras en el cerebro a partir de las funciones específicas que desempeñan, intentando detectar órganos mentales), y teorías dinámicas (partidarios de analizar el cerebro como un sistema complejo con infinidades de interacciones recíprocas). 

En las teorías dinámicas destaca la concepción del cerebro en red, que es una perspectiva holística del funcionamiento del cerebro humano. Desde esta concepción es el todo el que le imprime significado a la parte, es decir, es la red de interconexiones cerebrales lo que posibilita la comprensión del comportamiento humano. En este enfoque de funcionamiento del cerebro humano se observa a este como una red sistemática de relaciones. Esta es dinámica y organizada.

Funte: https://www.google.com/search?q=escher&client=firefox-b-d&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwjntJP07PXhAhUHPa0KHdsNC1MQ_AUIDigB&biw=1354&bih=647#imgrc=PbrJ6Wa26F97uM:

Esta concepción del cerebro en red nos permite entender un estado del ser en el que se produce una sintonía con el todo, de la cual no somos completamente conscientes, y nos abre el camino para la aceptación de un tipo de pensamiento irradiante y creativo: la intuición. La intuición, lejos de ser un fenómeno paranormal, es un proceso de alta velocidad de pensamiento en el que de manera inconsciente se procesa la información recopilada y generada por las vivencias previas, y que luego es soltada en forma de una idea o sensación súbita que a veces logramos capturar.[2]

En nuestra vida cotidiana, podemos basarnos en nuestra intuición para tener bienestar y vivir en armonía con nuestro entorno, tanto social, como natural y espiritual. Para ello es necesario que generemos algunos hábitos cotidianos en nuestra vida. Aquí les dejo algunas sugerencias:

  1. Meditar diariamente, la meditación estimula procesos cerebrales que contribuyen a generar mayor neuroplasticidad.
  2. Establecer una comunión con el macrocosmo, con esa vastedad que llamamos universo. Porque a fin de cuentas somos parte de un campo, en el que todos somos uno con el universo.
  3. Aprender a aceptar nuestras propias intuiciones, sin juzgar, sin dudar. Solo recibiendo con gratitud aquello que no es dado desde nuestra libertad interior para conectarnos con el todo.
  4. Conectarnos con la naturaleza diariamente. Desde nuestros espacios, aprovechando al máximo nuestro contacto con la madre tierra. Siempre habrá un modo de contactar con la naturaleza, estamos rodeados de ella.
  5. Crear empatía en nuestra escucha de la intuición de los otros. Empatía para desbloquearse mentalmente de prejuicios y confiar en que solo llegan sonidos, figuras, formas y un lenguaje que a veces puede ser difícil de describir en palabras. Por lo cual simplemente lo dejamos ser y expresarse.
  6. Comprender que estamos interconectados en una vasta y compleja red de relaciones con el mundo que nos rodea, así que podemos simplemente fluir en esa corriente de vida para ir capturando nuestra intuición y tener mayor bienestar en este tránsito terrenal.

[1] Carvajal,
B.C. (2001) La neurociencia hoy. Un estudio de la estructura y funciones del
cerebro humano.
Revista: ARGOS. Nº 35. / pp. 131-158.

[2]  Carvajal, B.C (2013) Creatividad e Intuición en la Praxis Metodológica. Reflexión a la luz
de la neurociencia cognitiva.
 
Revista Telos. Vol. 15 (1) / 77 – 90/ Universidad Rafael
Belloso Chacín. Maracaibo. Venezuela



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