Deshacer el miedo paso a paso

Las células contienen información de las emociones y responden biológicamente a ellas, así que cuando los sentimientos negativos salen a la superficie, permitamos que surjan sin juzgar, solo observando y tomando conciencia de ellos. Cuando los observamos, pasan.

Dejar ir, no solo nos brinda sensación de liberación y liviandad física y psicológica, sino que además permite que lleguen nuevas experiencias a nuestra vida, que se alinean con el cambio de frecuencia energética que sucede al soltar esos sentimientos y pensamientos del pasado.

Gracias a los estudios de Candace Pert y Bruce Lipton sabemos hoy que la información emocional ingresa como moléculas al ámbito de las células generando también conductas biológicas que se transmiten genéticamente. Sin embargo, no estamos destinados a lo recibido por los genes ni por el pasado, ya que esto puede cambiar. Es posible acceder, a través de técnicas, a la información grabada en nuestro subconsciente, para el cual el único tiempo es el presente, todo lo vive en presente, y tomar contacto con emociones y sensaciones de imágenes o recuerdos de nuestra vida en los que sentimos alegría, bienestar, gratitud; y llevar esa energía al presente o a cualquier situación del pasado en la cual hayamos experimentado emociones negativas, cambiando así la percepción.

La respiración es una gran aliada para tomar contacto con las emociones, incluso donde duele y tal como se presentan, expresar y liberar el flujo de esa energía. Esta práctica nos hace conscientes de nuestra verdadera presencia, el observador testigo desde el que no tratamos de atacar el estrés o las emociones negativas, sino que aprendemos a dominarlos.

Las programaciones negativas pueden ofrecer resistencia a nuestras intenciones conscientes, o incluso cuando queremos sostener pensamientos positivos. Esto ocurre porque el subconsciente tiene un impacto mayor que el pensamiento ordinario. Si bien los pensamientos positivos son ideas saludables y pueden colaborar con sentirnos bien, si aún subyacen emociones negativas, que no están en sintonía con esas ideas, quizá hasta fabricamos más lucha interna. Los pensamientos positivos surgen por sí solos cuando emocionalmente estamos equilibrados. Cuando queremos de alguna manera contrarrestar con afirmaciones o pensamientos positivos, no estamos trabajando sobre la causa, y frecuentemente las afirmaciones terminan siendo superpuestas por la aparición de los sentimientos.

Como vimos, la neurociencia ha demostrado que los procesos emocionales funcionan a mayor velocidad que los cognitivos, y que muchas veces estos dos sistemas operan de manera independiente, es decir, que no siempre la emoción sigue al pensamiento, sino que en muchos casos, nuestro estado emocional sostiene los pensamientos que tenemos.

Al liberar la emoción negativa, se disuelven las creencias, pensamientos y los patrones de comportamiento asociados con ella. De esta forma, pierden la capacidad de influir sobre nuestra actitud interna, porque ya no nos identificamos con ellas. En este sentido, la técnica de respiración consciente es una herramienta eficaz, pues el estado de entrega permite que los recuerdos bloqueados sean integrados.

Los bloqueos de la memoria están asociados con experiencias que, por alguna razón, no han sido integradas y fueron empujadas hacia el inconsciente como mecanismo de evasión o negación. Esto es literalmente un desperdicio de energía.

Al resolverlos y liberarlos, es posible alcanzar un nivel más elevado de conciencia: la energía entonces puede ser enfocada con mayor eficiencia en tareas actuales o nuevas, se estimula la creatividad, el entusiasmo, el coraje y la acción eficaz.

Según resultados obtenidos en estudios realizados en la Universidad de Pittsburgh, las emociones negativas persistentes incrementan el riesgo de arterosclerosis y problemas cardiovasculares ya que elevan los niveles en el cuerpo de ciertos componentes químicos causantes de inflamaciones y el avance acelerado de la formación de placas dentro de las arterias, que al endurecerlas reducen el flujo de sangre.

Si tenemos un comportamiento que identificamos como reactivo, en él podemos reconocer que hay resistencia a dejar ir una emoción o creencia negativa. En ese caso nos preguntamos:

¿A qué estoy teniendo miedo? ¿Qué es lo peor que podría pasar?

¿Qué cambiaría si no tuviera esta creencia o sintiera esta emoción?

¿De qué o cómo me sirve esta creencia o emoción negativa?

Cuando renunciamos al rencor, el dolor se disuelve. Y se queda lo que realmente queremos, la paz. Desde la paz, todo se ve con claridad.



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