Despedida de soltera

“¿Estás consciente del error que estás cometiendo? ¡Casarte a estas alturas! Debes estar loca. No tienes idea de lo que estás haciendo. Es el error más grande de la vida”.

Sus palabras estaban teñidas de un tono despectivo, entre burlesco y doloroso, matizado por una rabia resabida que se percibe añeja.

No tengo idea de su vida, pero su presencia es fuerte e imponente. Su energía está llena de rebeldía y una ternura oculta que se asoma al relacionarse con su hija. Desde allí me recomendó -con toda la sinceridad del mundo- no lanzarme al agua.

Mi mujerabilidad respondió con aplomo y una seguridad que me asombré de mí misma. “Estoy en el momento más feliz que haya vivido hasta ahora, espero que esta felicidad no sea un error”.

Todo esto se quedó… resonándome, probándome, indagándome. Me di cuenta de que no hay un ápice de duda en mi decisión de sellar en público el lazo indestructible que ya existe entre nosotros.

Y no se trata de ilusiones llenas de corazones y estrellas, se trata de una decisión madura, que solo pude tomar cuando ya había sanado todos los dolores que me hacían relacionarme desde el no-amor.

Estoy a quince días de casarme por primera y única vez. No asistiré a su clase porque tendré mi despedida de soltera.

Me despido así de la independencia y le doy la bienvenida a la interdependencia, me despido de las soledades y recibo a las concurrencias, me despido de todos los que ya no están y me quedo con el Amor concreto que pudo nacer luego de encontrarme conmigo y aceptarme sin juicios.

Agradezco su consejo, porque me permitió reflexionar aún más y así estar pendiente de seguir dando lo mejor de mí, para dentro de unos años, poder afirmar con las pruebas en la mano, que no es un error sino el acierto más grande: construir mi propia familia.



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