Diarios de rehab: De nuevo sin salir a la calle

Luego de los eventos del resultado falso del toxicológico y de mi última pataleta en el comienzo de mi período de autonomía, me suspendieron mis salidas diarias mientras me estabilizaba. Esa medida tomada por el equipo clínico se llama suspensión de agenda de autonomía y está diseñada para la protección del usuario. En este caso, no era una penalización debido a que yo no había incurrido en la ruptura de ninguna norma, pero sí había tenido un mal manejo de mis emociones.

En efecto, muchas veces ocurre que un paciente piensa que el equipo clínico toma una u otra medida solo para castigarle, pero ello es para su propio resguardo. Esta forma de pensar en cuanto a que todas las medidas del equipo terapéutico tienen un carácter punitivo no son más que las estrategias macabras del “yo adicto” para deslegitimar el proceso y tener una justificación para abandonarlo. De hecho, al comienzo de mi tratamiento, yo siempre sostenía que el mismo era un vigilar y castigar, haciendo referencia a Michel Foucault, buscando desesperadamente una excusa para irme y seguir en la adicción activa. Sin embargo, el gran logro de ese instante fue tener la plena conciencia de que la medida no era un castigo, sino la protección y el amor responsable en pleno por parte del equipo clínico.

De modo que estuve de nuevo en el rehab las 24 horas como el hermano mayor, mientras que Kiki volvía otra vez al mundo exterior y a su reinserción social. En su caso, ella volvería al negocio familiar de catering, así como a buscarse un lugar donde vivir puesto que los psicólogos le indicaron que debía habitar en un espacio aparte del de su familia de forma de desarticular aquellas interacciones patológicas con sus allegados. Como se ve, en Comunidad Terapéutica no solo es indispensable el abordaje emocional, sino también la intervención del núcleo familiar.

Por esos días llegaron varios usuarios nuevos a la institución. Uno fue Leopoldo, un joven curador de arte de Miami, adicto a la coca y a las drogas psicodélicas de diseño. De veras que fue un deleite estético ver los objetos que trajo consigo al tratamiento, los cuales incluían una fabulosa biblioteca personal. No obstante, yo le llegué a comentar al operador Brian que había que tener cuidado con las pertenencias de Leopoldo no fuera a ser que estuviesen impregnadas de algún tipo de molécula alucinante.

Asimismo, llegó por esos días Manuel, un joven de buena familia que contaba con 27 años y que había tenido remedos de tratamientos previos. Este tuvo serios problemas para controlar su carácter irascible y sus emociones. De hecho, en alguna oportunidad le llegaron a expulsar de un grupo de terapia debido a que empezó a amenazar al resto de los usuarios. Sin embargo, Manuel era muy buena persona, incapaz de pensar en hacerle alguna maldad a alguien. Luego de un tratamiento de casi un año, fue pasado a la modalidad de ambulatorio, de forma que debía asistir a terapias puntuales en las tardes e ir a dormir a su casa. El equipo clínico hizo esto debido a que Manuel requería una reinserción social de seis meses. Actualmente se mantiene en ese escalafón. También llegó por esos tiempos Yorman, un moreno fornido que alcanzó el foso del consumo múltiple y tuvo fuertes vinculaciones con el mundo de lo ilegal. A pesar del carácter obstinado de Yorman y de su arrogancia, culminaría su tratamiento interno al cabo de diez meses.

De modo que perdíamos otra vez el equilibrio que se había adquirido en la casa por la llegada de tantos nuevos pacientes. Sin embargo, Kiki y yo hacíamos lo posible para modelar a los drogodependientes, a pesar del esfuerzo contrario que a veces hacían Vivine, la hebrea de 53 años y Andrés, el deportista extremo de 38, que estaban asociados para transgredir las normas de la casa. No obstante, eso no duraría mucho y pronto saldría a flote su organización de consumo irregular de café dentro de la comunidad. Una cosa que hay que tomar en cuenta es que a pesar de que el rehab es un espacio protegido, también se pueden hacer cosas muy inadecuadas y transgresoras dentro de él. Se han visto casos de usuarios que tienen sexo dentro de la institución contraviniendo la norma e, incluso, de adictos que consumen sustancias dentro de la misma. Así fue, por ejemplo, el caso de Leopoldo, quien a los meses de haber ingresado comenzó a hurtar subrepticiamente las medicinas del cuarto de los operadores (sitio donde se guardan fármacos y otros enseres) para drogarse junto a otro paciente dentro del propio rehab y hacer una superpantomima de la cual él fue la mayor víctima.

También Nikita —la reina del Propofol— se había convertido en una buena influencia por esos días, a pesar de que luego abandonó el tratamiento y en tiempos recientes se supo que tuvo una horrorosa recaída y casi fallece. Sin embargo, un aspecto que me complicó mucho las cosas en mi última fase fue que pusieron la medida de que había que tener un mínimo de cinco señalamientos a otros usuarios diariamente o de lo contrario se perdía del todo la salida del fin de semana.

Yo, la verdad, albergaba la esperanza de poder estar en mi cuarta fase ocupándome de los asuntos de la calle, de mi trabajo y de no tener que estar enredándome la vida al indicarle los errores a otros pacientes y en muchos casos ganarme su animadversión. Ello se puso particularmente intenso con Joanna, la ingeniero de 53 años quien me atraía muchísimo. Ella, incluso en un grupo de convivencia, afirmó para el resto de los usuarios y mi psicólogo Carlos, quien moderaba la sesión, que a ella le molestaba muy particularmente cuando yo justamente le indicaba una falla. De hecho, para ese grupo ella se había puesto de acuerdo con Vivine para atacarme y tratar de desarticular mi puesta de límites, pero Kiki, a pesar de que ya casi no nos hablábamos, salió en mi defensa, cual mamba negra.

De modo que ya casi culminaba mi suspensión de agenda de autonomía y pronto estaría de nuevo en la calle y retomando mi trabajo. El rehab fue el camino que debí recorrer para llegar a mi estado de sobriedad presente, un esfuerzo que se hace día a día, “solo por hoy”.

Para entender algunos términos utilizados a lo largo de los diferentes capítulos de la narración puedes consultar el Diccionario de los Diarios de Rehab.



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