Diarios de rehab: Toda la gente del mundo real

De nuevo tenía la agenda de mi autonomía activa, de forma que pude volver a salir a la calle durante el día para reinsertarme en el mundo cotidiano. Sin embargo, durante la semana que estuve resguardado en el rehab había tenido tiempo de reflexionar, y también de poner en orden las prioridades de las diligencias que debía ir ejecutando una vez que volviera a la calle.

Tenía que poner al día mis cuentas bancarias y actualizar mis documentos de identidad. Asimismo, mi ex me había indicado que debíamos ir a firmar los trámites relativos al inicio del proceso de nuestro divorcio. Igualmente, tuve que hacer contactos pertinentes para reinsertarme en el ámbito laboral y, en el esquema de una vida plena, tenía planificado inscribirme en un centro de yoga muy exquisito que quedaba cerca del rehab.

Como parte de toda mi logística dispuse tener al menos una hora de actividad en un cibercafé cercano, de forma de ir haciendo contactos y enviando correos para ponerme a la orden en lo profesional. En ese sentido, tuve una recepción inmediata por parte del periódico donde había trabajado y en seguida tuve luz verde para escribir sobre diversos artistas plásticos, así como hacer reseñas de novedades editoriales. Para mí fue conmovedor el afecto con el que fui recibido por mi jefe, a pesar de que no le quise comentar nada respecto a lo que me estaba ocurriendo en relación a mi enfermedad adictiva.

Sin embargo, esa posición de “adicto de clóset” que tuve durante las primeras semanas luego de mi salida del tratamiento pronto culminaría cuando le comenté a Eli Bravo lo que me había ocurrido y él, muy receptivamente, me invitó a realizar estos Diarios. Ello ha sido de un valor terapéutico invaluable, así como de gran importancia en pro de la ayuda al otro y de la expresión en un medio de comunicación de lo que son las directrices de un tratamiento serio para adicciones. Asimismo, con el paso del tiempo comprendí que lo más sano para el adicto es salir del clóset y plantear de modo franco la enfermedad en tanto una condición y no como se tendía a pensar en el sentido de que es una vagabundería de la persona.

En cuanto a la situación en la calle, esta era un tanto difícil dado que aún persistían los disturbios en Venezuela y tenía que estar muy pendiente de las rutas que tomaba de manera de evitar verme en el medio de un campo de batalla. También, durante una de mis primeras sesiones de trabajo en el cibercafé recibí un mensaje de mi compañero de trabajo y hermano de la vida, Agustín, quien me ofrecía trabajo.

Con él viví muchas cosas en el pasado y ya hacia el final de mi adicción activa muchas veces lo llamé para pedirle el dinero que requería para comprar la coca. Eran muchos los pensamientos y emociones que se movían en la calle; lo más fuerte era ver a la gente fumando cigarrillos. De hecho, en una de mis primeras reuniones de trabajo con una curadora de arte amiga, esta fumó delante de mí. Luego, cuando le informé del evento a mi psicólogo, este me dijo que siempre debía pedir a las personas fumadoras que no lo hiciesen frente a mí.

El protocolo, en general, cuando caminaba por la calle, y veía gente fumando era voltear la mirada y cambiar de pensamiento aplicando las técnicas conductuales que habíamos aprendido en el rehab. En este momento del proceso eran obvios los logros del mismo en contraposición con mis resistencias iniciales en relación a lo propiamente conductual. Incluso, yo comparaba al comienzo del tratamiento ese tipo de enfoques con la Técnica Ludovico de la película La naranja mecánica, buscando deslegitimar el abordaje terapéutico para abandonar el proceso.

Había, no obstante, una gran pena en mi corazón. Recordaba los primeros tiempos con mi ex y los contraponía con el hecho de que estábamos actuando para finalizar nuestro matrimonio legalmente. Veía una tras otra todas mis relaciones de pareja. En general, toda mi vida había sido una poética del frenesí.

Finalmente, conseguí por esos tiempos otro trabajo firme de edición de un poemario, cuyos manuscritos llevaba al rehab donde ejecutaba la tarea. Ya para esos días la comunidad terapéutica comenzó a parecerme distante, a pesar de que me indicaron que debía asistir a las terapias de prevención de recaídas con Lorena, la joven psicóloga de línea dura. En esas sesiones identificábamos lo que eran nuestros rituales personales de consumo y aprendíamos a detectarlos antes de llegar a una recaída en sustancias.

A pesar de que ya casi no nos hablábamos porque estábamos hartos del tratamiento, siempre estaba muy pendiente de cómo le iba a Kiki, a quien tanto quiero. Carlos —mi psicólogo— incluso llegó a confrontarme, luego de haber egresado, con lo que yo decía al final del proceso interno de que no quería volver a ver a Kiki luego de mi alta y lo que le manifesté en una terapia —ya egresado— en torno a mi preocupación sobre cómo le iba en su vida, si estaba bien, dado que no podíamos tener contacto fuera del rehab.

No obstante, esos días finales del proceso tampoco fueron fáciles para Kiki, quien en apariencia iba viento en popa, pero tuvo un acceso de ira y un mal manejo de emociones que estalló en forma de pataleta con otro usuario. Igualmente, ella había estado presente en un lugar donde otros pacientes se burlaron de Marcial —el hombre de 55 años miembro del jet set— y no puso límites siendo ella de los hermanos mayores de la casa. Por tal motivo, luego de su segunda semana en la calle, le pasó lo mismo que a mí y le fue suspendida su agenda de autonomía para su protección.

De esta manera, Kiki debió permanecer de nuevo en el rehab. En su caso, por una causa u otra, esa semana de suspensión terminó llegando a tres. Ambos estábamos hartos. Sin embargo, una de las cosas resaltantes del tratamiento en el caso de ella ha sido su franca mejoría en torno a su manejo de las emociones y de la ira; Kiki hoy por hoy es una persona muy estable y asertiva a la hora de expresar sus emociones. De hecho, en tiempos recientes, yo le di un feedback inadecuado en el grupo de seguimiento para egresados y ella con un manejo impecable de sí me manifestó lo inconveniente de lo que le expresaba.

De modo que ya veíamos de nuevo al mundo real y comenzábamos a bregar con las emociones y pensamientos propios de ese entorno. Así adquiríamos las últimas herramientas que provee el tratamiento antes del egreso.

Para entender algunos términos utilizados a lo largo de los diferentes capítulos de la narración puedes consultar el Diccionario de los Diarios de Rehab.



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