Días de fitness: el mundo emocional y el training bike

Una de las grandes ganancias que provee el estilo de vida fitness es el logro de una existencia centrada, a pesar de las turbulencias que pudieran desatarse en el plano emocional. Esta reflexión surgió en días pasados mientras conversaba con mi amiga Sandra Iannetta, quien es una reconocida profesora de training bike en Venezuela. En esa conversación Sandra y yo contrastábamos nuestras vidas en el sentido de que ambos hallamos en el fitness un modo para sobrellevar la cotidianidad en medio de condiciones emocionales difíciles; ella atravesando una realidad de pareja bastante complicada y yo viviendo lo que significa el día a día de un adicto con más de tres años de sobriedad, experiencia que narré en los Diarios de rehab.

Sandra me comentó que se volcó a la vida fitness, y posteriormente a la certificación como instructora de training bike, en un momento en el que atravesaba una fuerte crisis de pareja y una situación familiar complicada, de forma que se le hacía insostenible estar en casa como un ama de casa convencional. Quizá ella nunca imaginó que esa vía de escape le daría grandes beneficios adicionales y una gran robustez, así como fortaleza en el ámbito emocional.

La práctica del training bike aporta innumerables beneficios, como son la liberación de endorfinas que proveen una sensación de bienestar continuado, al igual que la posibilidad de drenar emociones negativas durante la práctica de la actividad. Sandra comenta que esta disciplina se diferencia de otras relacionadas con bicicleta estacionaria en la postura y en la técnica del pedaleo. Está basada, en líneas generales, en una sola postura que consiste en estar de pie en la bicicleta pedaleando al ritmo de la música, con las caderas hacia atrás y con una contracción permanente del abdomen; de manera de que la zona media sea la que realice el mayor trabajo. Esa combinación de música, ejercicio y la cohesión grupal aportan una alegría sostenida. Durante las secuencias se trabajan diversas partes del cuerpo, como los abdominales, y se realizan flexiones para fortalecer los pectorales, por ejemplo.

La cohesión del grupo es primordial en este tipo de prácticas. Cuando el entorno es apropiado como el que se da en el Macaracuay Fitness Center –al que asistimos Sandra y yo–, entre los usuarios se da una verdadera solidaridad, de forma que el grupo pasa a constituir una nueva familia: la “familia fitness”.

Hay no solo ofertas de training bike en los gym; hoy en día hay una gran cantidad de prácticas e incluso se ha puesto muy de moda el pole dance, amén de otras más clásicas como el combat fitness.

El estilo de vida fitness supone, asimismo, una alimentación sana y balanceada, libre de grasas. En el caso de Sandra y yo complementamos el training bike con máquinas, de modo de dar tono a los músculos; aun cuando no es nuestro propósito el desarrollo de masa muscular como lo puede ser en el caso de los fisicoculturistas. Ultimadamente lo que se persigue es el disfrute de una vida plena y fluir de forma centrada en el devenir vivencial, a pesar de los torbellinos emocionales y las problemáticas que nos aquejan a todos.



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