Me dieron el mismo regalo que el año pasado

El pasado 25 de diciembre en mi casa hicimos lo que en muchas partes del mundo se hace, nos repartimos los regalos de Navidad. Ya habían llegado el niño Jesús o Santa en la mañana y la noche del 24 nos habíamos dado los regalos de la familia. Y entonces sucedió: mi hijo menor me dijo ‘me dieron el mismo regalo que el año pasado’. Lo interesante de todo esto es que en una de mis conferencias yo tengo un cuento donde el niño pequeño de la casa recibe de sus padres el mismo regalo que el año pasado y de verdad me causó mucha gracia que a mí me lo dijeran. En el cuento termino diciendo que uno a veces no usa los regalos que tiene y hasta se nos olvida que los tenemos. En el caso del regalo de mi hijo, fue algo diferente.

A mi hijo pequeño no solo le dimos el mismo regalo que el año pasado; le dimos el mismo regalo que hace dos años, que hace quizás cinco o seis años, que también le dimos a mi hijo mayor hace 10 años pero que también muchos de nosotros ya habíamos recibido cuando pequeños. Y sí se trata del mismo regalo y con el mismo nombre. ¿Cómo algo puede durar años o hasta décadas?; y sobre todo, ¿cómo los padres podemos regalar siempre el mismo regalo? Muchos podrán estar pensando que les regalamos besos, abrazos y muchas bendiciones. Pues sí, es verdad, eso lo hacemos, pero también lo hacemos durante el resto del año. Y entonces, ¿de qué estoy hablando?

Pues resulta que a mi hijo le regalamos un juego de Monopolio. Como muchos saben, es un juego de mesa, en el que pueden jugar varios jugadores a la vez y que se disfruta mucho, por largas horas, pasando un rato muy agradable (o hasta que se pone algo tenso al final). Pero la razón por lo que quise mencionar esto hoy es que el juego de Monopolio que le dimos sí es el mismo juego, pero no lo es a la vez. El juego de Monopolio se introdujo al mercado en el año 1935 y sus bases y reglas siguen siendo las mismas; pero el juego se ha adaptado al paso de los años, a los cambios de las monedas, a los nombres de las calles y se ha modernizado con la tecnología. En pocas palabras, un juego de mesa que acaba de celebrar 80 años desde su primer lanzamiento se ha mantenido vigente porque ha evolucionado.

Hoy son más de 110 países que tienen juegos de monopolio con nombres de sus calles y avenidas; hay juegos en más de 40 idiomas, para grandes ciudades, equipos deportivos o películas; los hay de monumentos mundiales o de avenidas conocidas del mundo; desde ediciones especiales con figuras hechas en madera hasta ediciones de lujo muy costosas y tantas otras difícil de contar como las versiones digitales o para los videojuegos, hasta en 3D. Si bien el juego se basa en el principio económico del monopolio y es un juego de estrategia en bienes raíces, lo interesante es ver cómo ha evolucionado a lo largo de los años. En mi casa el juego que le regalamos a mi hijo es un monopolio con banca electrónica; quien lo hubiera imaginado. Ya no hay billetes que a veces se acababan durante el juego o que se perdían con los años. Ahora hay tarjetas de débito que son recargadas en el punto de venta del banco y que se usan para comprar y pagar.

Aquí lo importante es entender -como el juego de monopolio lo ha hecho- que todos nosotros debemos mantenernos vigentes. Es darnos cuenta que nuestros productos y servicios deben ir evolucionando pues nuestros clientes así lo hacen, adaptándonos a la tecnología, a las nuevas tendencias y a las nuevas necesidades de nuestros consumidores. Y si lo hacemos, no solo nos mantendremos en el tiempo sino que estaremos muy felices cuando se diga, ‘me regalaron el mismo regalo que el año pasado’.



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