Dilemas morales… más complicados de lo que parecen

A lo largo de nuestras vidas nos encontramos constantemente con pequeños, medianos y grandes dilemas morales: La bolsa de caramelos del cumpleaños tiene más que la de mi hermanito… ¿Debo darle un poco? Vengo del trabajo y me siento en el metro, esperando llegar a la casa, pero luego se llena y entra una joven: ¿Debo pararme y dejarle el puesto?; o Me ofrecieron un dinero por firmar ese contrato que no es el más conveniente, ¿Debo negarme y que otro se coja el dinero o me hago el loco y lo tomo yo?… Estoy seguro que usted y la mayoría de mis estimados lectores tenemos una opinión de lo que haríamos en ese momento, o pensamos que la tenemos. No se preocupen, no se las voy a preguntar…

Hoy quiero proponerles, en cambio, un dilema moral distinto, uno imaginario que quiero que piensen un momento y después les contaré lo que se ha encontrado los investigadores que han preguntado lo mismo en incontables análisis.

10foot-articleLargeImagínense que están en un puente por el que pasa un tren, justo en una bifurcación. En un lado de la bifurcación están 5 obreros trabajando, sin darse cuenta que viene un tren y que seguramente morirán atropellados. En la otra vía hay, sin embargo, uno sólo. Imagínense que ustedes tienen la facultad de desviar el tren de la ruta, de forma tal que en vez de atropellar los 5 obreros, lo haga al que está solo. Uno en vez de cinco. ¿Lo haría? Cierre un momento los ojos y visualice la situación ¿de verdad desviaría el tren? Un muerto en vez de cinco. Parece la decisión lógica ¿no? ¿Que haría usted?  

Si dijo que no haría nada, entra en el grupo de lo que los investigadores llaman: la respuesta emocional, no me involucro, no hago nada, me paralizo. Si toma la decisión de intervenir, entra el grupo llamado de la respuesta matemática, salvo a 5, es mejor que muera uno.

Ahora se la voy a poner un poquito más difícil. Imagine de nuevo la misma situación, 5 personas en peligro de ser atropelladas por un tren y usted tiene la posibilidad de desviarlo, pero esta vez tiene que empujar a la persona que está al lado suyo en el puente para que, al caer en la vía detenga al tren. Nuevamente uno en vez de cinco. ¿Lo haría? ¿Empujaría a la persona? Es una situación muy parecida a la anterior, sólo que ahora usted tiene que activamente empujar a una persona desconocida por un puente ¿Lo haría? ¿Qué contestó en el primer ejemplo? ¿Cambió su decisión?

Obviamente es mucho más difícil empujar a una persona, a pesar que la consecuencia en ambos casos sea la misma. Una cosa es activar una palanca y otra activamente empujar a alguien a la muerte. ¡Aunque estemos salvando a 5 personas! 

Una variante interesante es si supiéramos que la persona que está al lado nuestro en el puente es el culpable. Es decir, no es un inocente espectador, sino que es el culpable de la posible muerte de los cinco que se hayan en peligro de ser atropellados. Puestos en esta situación, cambia la actitud de la gente, que se ve compelida no sólo por la posibilidad de salvar a los cinco, sino además a castigar el culpable.

9780761175131Existen otras variables del mismo problema, con infinitas respuestas y posibilidades, pero una de las más interesantes es la que acaba de ser estudiada al plantear el problema en un lenguaje distinto al materno. A ver, supongamos que usted es hispanohablante de nacimiento, pero le hacen la prueba en inglés (o viceversa, usted es anglohablante y le plantean el dilema en español). Supongamos también que el dominio del otro idioma es muy bueno, es decir, que no hay ninguna duda de que entendió el postulado. Pues resulta que ¡hay una  influencia, ¡hay un cambio en las respuestas!

El psicólogo Boaz Keysar de la Universidad de Chicago, descubrió que cuando el dilema es planteado en un idioma distinto, la tendencia a hacer la selección matemática (uno mejor que cinco) es mayor que cuando es planteado en el idioma materno.

Pareciera entonces, mis queridos lectores, que nuestras decisiones morales no son sólo intrínsecas a la educación que hemos recibido en nuestros hogares, sino dependientes de factores externos, tan difíciles de precisar como el lenguaje en que se plantea el dilema. ¿Será que pecar es más fácil en otro idioma?



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