Dios es sustracción

Dios es sustracción

Dios no es religión, no es una cara o un género, tampoco es parcial o imparcial, Dios es.

¿Cuántos deambulan en este mundo buscando a Dios, la espiritualidad, la elevación, la sanación, el cambio o cualquier forma de transformación? Hay muchos de esos. La noticia es que no es posible encontrar nada fuera de uno mismo, ni en la familia, ni en la profesión, ni en al amor de pareja, en ningún otro lugar esta Dios salvo dentro de ti mismo.

El verdadero reto está en aprender que Dios es sustracción y no una adición. Encontrarlo es un acto de valentía frente a ti mismo, porque justo en el momento que decides emprender el viaje en su busca, te das cuenta de que todo se torna confuso, extraño y hasta incomprensible. Esto se debe a que miramos fuera, nos empeñamos en predicar enseñanzas que a nosotros mismos nos cuesta poner en práctica por la naturaleza dolorosa que representa el cambio de pensar al revés. Entramos en escuelas de espiritualidad a ser enseñados por otros iguales a nosotros, y que en nombre de Dios se hacen propia unción del conocimiento oculto. Debemos comprender que nada está oculto con respecto a la creación, y nos será velado mediante un proceso de reflexión y silencio profundos por la misma creación. Ahora, si en alguna escuela, logras sustraer de ti mismo todo lo que ellos no te han enseñado, vas en el camino de encontrar y no de buscar, hay millones buscando, conozco muy pocos encontrando.

Cito a Jesús, Buda, la madre Teresa, Gandhi, como aquellos que encontraron que Dios es sustracción. Todo con lo que te identificas, todo lo que dices amar, todo lo que crees ser es adición, es un sinfín de máscaras de supervivencia. Si alguna vez puedes no juzgar a un delincuente, si puedes sentir por él compasión y no por sus actos, ese día has comenzado a sustraer, y con mucha probabilidad la grandeza de la creación te dará la paz y la felicidad que estás buscando.

Pensar al revés es un proceso disciplinado de encontrar una vida plena, llena de respuestas y no de preguntas. Cito un ejemplo: “Dios, por qué me pasa esto a mí”. El pensamiento invertido diría: “Dios, gracias porque yo le he pasado a esto”. Si te das cuenta, ambos planteamientos te llevan por sendas diferentes, uno te lleva por la víctima, que adiciona miles de argumentos externos de por qué le pasó esta o aquella cosa. En el caso contrario, respiras, asumes la responsabilidad en silencio y sustraes de dentro las causas que te llevaron al hecho, para aprender y seguir. Dios es.



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