Dios está en el dinero

Dios está en el dinero

El gran abismo entre lo material y lo espiritual nos ha llevado a creer que el dinero está fuera del círculo de lo sagrado. Pero esto, además de ser una nociva concepción que nos hemos pasado de generación en generación, nos mantiene en una relación disfuncional con la poderosa tecnología de intercambio.

Mi misión de vida ha sido rescatar lo sagrado del dinero, vivido desde la moderación y la simplicidad. La avaricia es como la bulimia en el dinero, algo que también es un pecado capital. La avaricia ha destruido vidas, familias, estados y hasta culturas enteras. Cada vez que la avaricia aparece en un tiempo-espacio, se han formado las religiones como instituciones que nos recuerdan que lo único que perdura es el espíritu.

Pero tampoco es que vamos a vivir al margen de lo material, en un estado de privación de lo que está aquí disponible para nosotros. Esto sería como la anorexia, una forma de maltrato, asco y desmerecimiento propio. El paraíso prometido es una descripción metafórica de toda la abundancia y las posibilidades que están disponibles para nosotros. Nadie puede desarrollar mejor su espiritualidad que cuando vive simple y con tranquilidad.

En mis programas me he conseguido con personas que, aun teniendo una vida cómoda, siguen tratándose como desgraciados y negociando desde el egoísmo. Hay quien no puede dormir si no tiene un vehículo último modelo frente a su casa o si su hijo no estudia en la universidad más costosa del país. Por otro lado, está quien se siente culpable por tener un techo seguro donde dormir o ser invitado a cenar en un buen restaurante, ya que piensa que su comodidad está acabando con la justicia en la repartición material.

No, somos nosotros quienes desconfiamos de todo porque nuestros desequilibrios no nos dejan, ni nos dejarán ver lo material como algo neutro. Si el dinero fuese algo tan malo, créeme que Dios no lo dejaría existir. El asunto es dejar de verlo como una prioridad, y convertirlo en el medio que es. Dejar de adorarlo o esclavizarnos a él, y comenzar a verlo como un amigo.

Es hora de tomar el dinero, y darnos cuenta de que tiene dos elementos fundamentales: es una creación de Dios y es una representación de confianza. Si no me crees, pregúntate por qué el dólar, siendo solo un papel más, tiene tanto poder en el mundo: porque es el único que nos habla de la confianza en Dios como la fuente de poder universal.



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