La historia de Diva

Hace apenas unos meses una proteccionista recibió una petición de ayuda urgente para una perrita callejera que estaba sufriendo mucho con una sarna terrible: sola, sin alimentación y sin ayuda veterinaria moriría en poco tiempo, además padecía dos cosas peores que la sarna: la indiferencia de algunos y el desprecio y maltrato de otros, como si ella tuviera la culpa de su enfermedad.

Verla enferma fue para Nayeska, la heroína de nuestra historia, un reto: ella no estaba dispuesta a sumar su indiferencia a la de los demás, así que se puso en movimiento: buscó en las redes, buscó… y tal como dicen por allí: “quien busca, encuentra”.

En una revista dominical vio un artículo sobre animales y un teléfono, así que llamó y solicitó apoyo. Nayeska y la perrita estaban en una ciudad diferente, así que sólo quedó dar las directrices por correo electrónico, de tal forma que Libia, la proteccionista que tantas veces ha curado a tantos animalitos con sarna y sabe lo fácil que es tratarla si se siguen las indicaciones, comenzó a orientar el tratamiento; baños medicados, dosis del medicamento adecuado según el peso de la perrita, tipo de alimentación y así, poco a poco, entre ellas dos, sin conocerse, fueron curando a quien luego se llamaría Diva.

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Nayeska llevó a Diva a su casa, la curó diariamente con toda la dedicación del mundo; la alimentó de la forma más amorosa para que pudiera superar su enfermedad del cuerpo (la sarna) y su enfermedad del ánimo (el miedo a los seres humanos). Nunca más sufrió desprecio, ni maltratos, antes bien, la paciencia de su rescatista y el deseo de vivir de la rescatada surtieron un efecto maravilloso. La perrita sanó del todo, tan bella está que ahora la gente le pregunta a Nayeska la raza, la detienen en la calle; quienes la vieron enferma en las calles se conmovieron tanto con su cambio que ahora comienzan a ayudar también a otros.

Antes de ser auxiliada ese ser ya sin pelos, desnutrida, desconfiada, adolorida tenía un destino: morir; después de ser socorrida con afecto y humanidad, muestra su pelaje nuevo, su ánimo divino, sus deseos de jugar, su cola alzada y orgullosa, su felicidad que regala con toda generosidad… a esa perrita una persona le cambió el destino, el que tiene ahora es vivir en un hogar bueno y cálido, protector y lo que es más importante, para toda su vida.

La mayor parte de las cosas de esta existencia tienen un antes y un después y si nosotros somos observadores e identificamos cuándo nuestra ayuda es vital, podemos ser quienes realicemos milagros, como éste de amor que hizo Nayeska con Diva.



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