Divergencia espiritual

Divergencia espiritual

Muchas veces, cuando llegamos a caminos espirituales, es porque ya hemos pasado por caminos donde la religión ha estado presente, y en algunas ocasiones los preceptos que se trabajan en las religiones no tocan del todo nuestro corazón. No podemos pensar en que es lo mismo ser religioso que ser espiritual.

Una persona puede ser religiosa y predicar la palabra de Dios, conocerla, estudiarla, compartirla, sin llegar a estar dentro de ella en su cabeza, y con un corazón que espera ser uno con el alma, la cual es el vehículo por donde se expresa lo que siente un corazón bondadoso y una mente correcta y clara.

Una persona llega a ser espiritual cuando expresa la verdad de su corazón. El estado de pureza es infinito; el corazón siempre está limpio, claro, inmerso en el amor incondicional. Lo que pasa por nuestro corazón, pasa también por la intuición y lo llevamos a la mente clara, y finalmente al alma, lugar en el que todo es verdad, amor, compasión. Ahí esta la plenitud. Es decir, que una persona puede ser religiosa y no ser espiritual, así como también puede ser espiritual sin tener la necesidad de pertenecer a ningún grupo religioso.

Las formas de cultivar nuestro ser espiritual cada instante son infinitas. Les compartiré las que me han servido a mí:

  1. Desarrollar un contacto diario con tu maestro interior: lo puedes llamar Dios, ser superior, ángel de la guarda, esfera de luz de protección.
  2. Meditar al menos tres minutos cada día: desarrolla la quietud, la presencia, el enfoque, así como la tranquilidad.
  3. Tener un grupo de contención: personas con las cuales compartimos el mismo camino espiritual. En la India se le dice sangath a la familia espiritual. Y reunirse con cierta frecuencia a meditar, a compartir las enseñanzas. Eso fortalece mucho. Yo hace diez años que me formé como profesora de kundalini yoga, y aún conservo los vínculos emocionales y espirituales con mis maestras y compañeras más cercanas.
  4. Cantar mantras o cantos sagrados con devoción. De verdad que tocan un lugar muy puro y profundo de tu corazón. El corazón se expande como una flor de loto dentro de ti, abre la capacidad infinita de amar.

Sat Nam.



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