Divorcio, hijos… compasión: no es imposible

Lo intentaste todo, hiciste todos los ejercicios, y no funcionó. Probablemente haya sido incluso una decisión tomada gracias a la terapia. Y llega entonces ese duro momento en el que tomas conciencia de que, muy a tu pesar o no, lo que compartías sentimentalmente con el otro ya se acabó. Te divorciaste.

Una ruptura implica un dejarse, alejarse. Si apelamos a la sabiduría popular: ojos que no ven, corazón que no siente. Pero hay un detalle: los hijos (a veces pequeños) en común.

Te toca asumir entonces un trato continuo con tu pareja, esa persona que no puedes ver. Lo más importante de todo esto, son tus hijos. Fueron lo más importante en tu vida desde su nacimiento, y deben seguirlo siendo porque siguen dependiendo de ti. Dicho con el cariño de siempre: toca hacer de tripas corazón. Cortar relaciones radicalmente no es sano para los niños.

¿Cómo verle la cara a ese hombre o mujer a quien no quieres tener enfrente? Palabra clave: compasión. Sabemos que habrá rabia, tristeza, dolor, culpa o vergüenza, pero cuando sea que te sientas así debes saber invocar a la compasión. De lo contrario, estarás proyectando en todo tu entorno (tus hijos, tu trabajo, etc.) precisamente esas emociones negativas.

Eso generará un ciclo de mayor tristeza, aprenderás a juzgarte sin piedad, y al final serás un maremoto de emociones que puede arrasar con la armonía de tu hogar y que tus hijos necesitan.

Atrae a la compasión mirando el dolor a los ojos. Ablándalo. Es una cara de la moneda: la otra es tu ex y probablemente también este sufriendo, en una medida u otra. Trata de practicar entonces la empatía, incluso si no esperas nada a cambio.

Viejos hábitos: fuera. Si tu relación se terminó, es la hora de transformarte: no queda de otra; concebiste una vida en común con alguien, por lo cual dejaste de tomar otras decisiones, dejaste pasar oportunidades. Retómalas.

Reescribe la historia: sabemos que todo se acabó. Que no vas a decirle nada de esto, pero puedes inventarte otra historia. Una menos dolorosa. Por lo menos al principio, te ayudará a aliviar el dolor, a despegarte de él, y a proyectar algo distinto en los demás. Recuerda: atraemos lo que proyectamos. Para estar bien hay que sentirse bien.

Inténtalo. Es duro, pero estarás protegiendo tus emociones, y lo más importante, las de tus hijos, que no entienden (ni tienen por qué) si su papá o su mamá es buen o mal amante, o infiel, o l que sea. Son sencillamente padres.



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