¿Dónde colgaste tus sentimientos hoy?

Por lo general conectamos nuestros sentimientos a las situaciones y personas alrededor nuestro pero ¿es esta la mejor manera de vivir?

Hay un cuento interesante que dice que cuando el cuervo se posó en la rama de la palmera, esta se movió y el coco cayó. Parecería  que el coco cayó debido al cuervo pero el cuento explica que son hechos separados. Podríamos buscar razones: quizás el coco ya estaba maduro, quizás el viento movió la rama de la palmera en el mismo momento en que el cuervo se acercaba. Lo que muestra este breve relato es que la realidad no siempre es lo que parece.

culpasentEsta analogía nos ocurre frecuentemente con nuestros sentimientos. Por lo general conectamos una razón a cómo nos sentimos: “me siento triste porque no me hablaron”, “con esta persona sería muy feliz”, “me enoja que no se hagan las cosas como deben ser”. Estas son frases muy comunes que todos hemos usado antes. Solemos “colgar” nuestros sentimientos como si fueran abrigos en un perchero. Entonces son las situaciones y las personas a nuestro alrededor las que definen cómo vamos a sentirnos.

La misma situación puede generar enojo en algunos sin que otros parecieran verse afectados. ¿Cuántas veces han cambiado nuestras emociones a lo largo del tiempo sobre una misma persona? ¿El amor que sientes por alguien está en esa persona o en tu capacidad de amar? Los eventos o personas simplemente alimentan algo que ya tenemos dentro.

Dan Gilbert, un famoso psicólogo de Harvard, explica que luego de tres meses los eventos externos no tienen un gran impacto sobre nuestro nivel de felicidad.

Vengo de un curso llamado El Arte del Silencio donde por cuatro días no hablé. Hice un poco de Yoga, ejercicios de respiración, caminatas en la naturaleza y muchísimas meditaciones. En estos días descubrí algo muy importante: podemos ser dueños de nuestras emociones en lugar de esclavos de ellas. A través de nuestra capacidad de observar, de separar la emoción de la situación, podemos transformar cualquier emoción negativa. Y no es que tengamos que pasar nuestra vida encerrados en un monasterio, sino que necesitamos cada cierto tiempo darle un descanso a nuestra mente y entrenarla para que aprenda a ver hacia adentro.

Al regresar me di cuenta que vemos poco hacia adentro. Tenemos infinidad de distracciones que nos impiden poner nuestra atención en observar qué ocurre dentro nuestro y creo que es la pérdida más grande que podemos tener en la vida: olvidarnos de nosotros mismos quedando atrapados en pensamientos, deseos y aversiones.

Por eso tomé el compromiso de tomar una hora diaria para hacer mis ejercicios de respiración y meditación y al menos dos veces por año retirarme cuatro días a contemplar quién verdaderamente soy. Intuyo que allí está uno de los secretos de la felicidad que tanto busco.



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