¿Dónde se encuentra un buen refugio?

¿Dónde se encuentra un buen refugio?

Ilustración de José Alejandro Ovalles [email protected]

Hay momentos en la vida cuando llueve a cántaros. Y no me refiero a un aguacero a media tarde en la ciudad, aunque la imagen puede sentirse así de literal. Hablo de los instantes cuando un diluvio de acontecimientos o emociones nos deja calados hasta los huesos. Son esas épocas de corazón encapotado y ánimos encharcados. Días grises. Horas tormentosas. Son los momentos cuando nos toca refugiarnos hasta que escampe.

¿Dónde se encuentra un buen refugio? Esa pregunta es como una lycra. Se adapta a cada quien. Lo único cierto es que conviene saberlo antes de que el cielo se nos venga encima. Pero si no tienes idea de dónde hallarlo, mira adentro y alrededor porque seguro aparece.

«Todos tenemos, de cierta forma, un anhelo de llegar a un sitio que podamos sentir realmente como nuestra casa» dice la psicóloga y autora Tara Brach «ese es el refugio, el lugar donde somos uno con nuestro cuerpo, el corazón, la existencia y el resto de las personas». Para Brach ese lugar se encuentra en la conciencia plena del presente, en lo que está pasando a cada instante, tal y como sucede, aunque sea un diluvio emocional. Por su formación en la psicología budista, ella entiende el refugio como algo parecido a extender un techo de compasión sobre nuestra esencia vital empapada.

¿Pero existen otros santuarios de protección, digamos, más concretos? Claro, y más cerca de lo que crees. Ellos pueden ser personas, espacios físicos, creencias o recuerdos ante los cuales bajamos la guardia y nos permitimos sentir y ser vulnerables. Allí, con el corazón blandito, podemos descansar sin pasar tanto frío.

Y por experiencia te digo que cuando todo pareciera moverse alrededor, como si la tierra temblara, un buen refugio hace tanta falta como el aire. Sobre todo si los seísmos ocurren cuando tus propias placas tectónicas se desplazan sobre magmas profundos

«En el camino de los cambios y el despertar» escribe el neuropsicólogo Rick Hanson «es natural experimentar algunas turbulencias, noches oscuras del alma o una inquietante falta de piso, a medida que las viejas creencias se desmoronan. En momentos como estos, tus refugios te sostendrán y ayudarán a sortear la tormenta».

Buscar refugio comienza por hacer una pausa ante las situaciones o preocupaciones que te aquejan. Así, al tomar un poco de distancia y desengancharte del tren que te arrastra, le das un descanso a tu mente y una oportunidad a las neuronas para que tejan nuevos circuitos. ¿O es que crees que tu cerebro no cambia según tus experiencias?

Luego, sin la presión cotidiana, puedes disfrutar del lugar como quien se sienta a ver a través de la ventana la lluvia caer. Pueden ser unos minutos, o días enteros los que pases allí. Lo bueno es que mientras estás en tu refugio incluso la peor tormenta se hace menos amenazante.

Entonces ¿Ya sabes cuál es tu refugio? Si andas transitando días de aguaceros, abre un espacio para acercarte hasta allí y sentir su protección. Habítalo el tiempo suficiente para que su poder te llene de las fuerzas para seguir adelante. Y agradece su existencia de la mejor manera posible: vuelve cada vez que te haga falta.



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