Dos pérdidas, una historia

Ella se había hecho su control prenatal como Dios manda, todo iba bien, pero al momento del parto debieron hacerle fórceps porque el bebé no estaba en la posición adecuada.

Cuenta que cuando lo vio no podía creer que su hijo estuviera tan maltratado, pero lo extraño era que le costaba succionar, no podía amamantarlo y de repente se ponía azul. Los médicos  lo enviaron al retén y cuando pedía que se lo llevaran, le respondían con excusas, hasta que finalmente le informaron que al niño le faltaba la mitad del corazón, y seis días más tarde se terminó su brevísimo paso por este mundo.

Pero la historia continúa, porque al tiempo, tomando anticonceptivos, volvió a concebir y en los primeros meses de embarazo se detectó que el bebé estaba sin vida y debían hacerle un curetaje.

Así en menos de un año había perdido dos hijos.

Hoy, unos 8 o 10 años más tarde, lo cuenta tranquila, sin dolor aparente, con una pausa tremenda, como si se tratara de algo que le ocurrió a otra mujer.

Escuchando todos los detalles de cada uno de los casos, provoca abrazarla y consolarla, aunque ella no demuestre el más mínimo dolor, porque mi mujerabilidad se hace una sola cosa con el sentimiento que tiene que causar tamaña pérdida.

Pero cuando ella continúa relatando que lo ocurrido le enseñó mucho, la llenó de compresión, y se puede ver que cuenta con una exquisita capacidad de no alterarse, entonces lo que provoca es una sonrisa en el alma por la forma en la que decidió afrontar todo aquello y encontrar herramientas para ser feliz.

Y es que luego de perder dos hijos de esta forma ¿qué situación puede parecer un problema insalvable?

Solo Dios, el universo, la energía o como lo queramos nombrar, sabe las razones detrás de las pruebas difíciles de la vida, solo nosotras podemos decidir rechazarlas desde el dolor o comprenderlas desde el Amor.



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