Educación sentimental

Educación sentimental

Venimos al mundo sin un manual, nadie pero nadie sabe exactamente como funciona esto de ser feliz y vivir en bienestar y calidad de vida, esto es algo que aprendemos mientras vamos viviendo y obteniendo experiencias propias y externas. Aún así en la medida que vamos avanzando en el descubrimiento sobre la psicología humana y en muchas de las especialidades que la estudian, vamos descubriendo un contexto general en el cuál podemos movernos para lograr vivir en la experiencia del bienestar o felicidad tanto como es posible. Para llegar a eso requerimos prepararnos con las herramientas necesarias que nos permitan alcanzar la ansiada meta. ¿Cómo obtenemos esas herramientas? Educándonos para ello. Educándonos para desarrollar la capacidad de enfrentar las situaciones diarias de una forma asertiva.

Es aquí donde la Educación Sentimental o Emocional forma parte de las herramientas que nos ayudarán a obtener calidad de vida y para lograrla es necesario que tanto la educación familiar como la escolar se integren de tal forma que podamos desarrollar la educación emocional desde temprana edad en nuestras vidas.

¿Que buscamos con ella? Aprender a conocer las emociones propias y las de los demás, a concientizarlas y a regularlas para hacer de ellas una oportunidad para lograr el bienestar personal y social.

Así que si buscamos desarrollar habilidades como:

  • La capacidad de entender y comprender las emociones de los demás, sus criterios, sus creencias y su forma de ver y explicarse el mundo.
  • Concientizar nuestras propias emociones poder verlas y descubrir cuales de ellas son negativas y perjudiciales para nosotros y para los demás y ser capaces de regularlas.
  • Desarrollar la capacidad de mantenerse en un estado de ánimo elevado que afecte positivamente tanto la influencia en nuestro entorno como el bienestar obtenido día tras día.
  • Permitir que nuestro estado de ánimo sea un regulador del estrés, la ansiedad, la depresión.
  • Elevar nuestros niveles de tolerancia personal y colectiva.
  • Aprender a ir tras la consecución de nuestros objetivos y aprender a manejar la frustración.
  • Aprender a influir en nosotros mismos la alegría, el buen humor y el optimismo, entonces estaremos en la posibilidad de obtener unos niveles de bienestar y calidad de vida aproximados a la felicidad.

Sin duda, es importante y necesaria la presencia y el apoyo constante de quién facilita estos aprendizajes, llámese, padres, abuelos, tíos, maestros, facilitadores, coaches o aquella persona que ofrezca sus conocimientos y experiencias para producir un aprendizaje efectivo.

Es en la edad más temprana cuando el desarrollo de las competencias emocionales adecuadas surten mayor efecto e impacto en la personalidad, por lo tanto la enseñanza de éstas competencias resultan en una persona adulta, pro activa, consiente de si mismo, con claridad de propósito, con habilidades sociales y mayor posibilidad de vivir en bienestar.

Si la felicidad no ha tocado tu puerta te tengo una buena noticia puedes aprender a tenerla.

Imagen de Pexels en Pixabay



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