Educación y educadores bajo la lupa

Los educadores son seres humanos con la loable y delicada tarea de formar ciudadanos. Poseedores de diversos conocimientos y preparación, pero también con vidas personales enfrentando grandes desafíos, en ocasiones descompensadas y sin alicientes. La vida evoluciona, los tiempos cambian y con ello incorporan novedades; ejemplo por nombrar uno las redes sociales, con su velocidad de información, en ocasiones con poca censura o comprobación de lo que se menciona o expone. Podemos observar educadores poco familiarizados con éste punto, creando cierta separación o vacío comunicacional con los alumnos  por el desconocimiento de su alcance.
Examinemos algunos cuestionamientos sobre el cómo y para qué estamos educando, si se enseña el respeto por la vida y su defensa, brindando posibilidades para su comprensión y disfrute. ¿Conllevan los contenidos impartidos en las escuelas los anticuerpos necesarios contra los altibajos, amenazas y negaciones que se nos presentan en múltiples formas? ¿se imparten los valores esenciales para contrarrestar los ídolos de la muerte: egoísmo, consumismo, codicia, acoso, violencia, guerra, intolerancia, opresión? ¿Se incentiva y premian conductas buenistas como objetivo? ¿Es considerada la austeridad y el compartir, como búsqueda de un desarrollo humano sostenible, que atienda y priorice la aceptación? Muchas interrogantes y todas de necesarias respuestas. No obstante, existe una máxima: No podemos dar lo que no conocemos, lo que no representa el objetivo y lo que no estamos en capacidad de dar.
Si deseamos que la actividad y el mensaje como formadores contribuya en ascenso y profundice, los responsables de educar o enseñar, adicional a la vocación, requieren de coherencia entre lo que predican y exhiben como conducta. Recordemos otra máxima; se aprende con el  ejemplo. Necesitan al igual que el contenido escrito, innovación, revisión constante y consciente, ajustes, adaptaciones y cambios, con un único objetivo; mantener la funcionalidad de su rol. El nivel académico es muy importante pero su estamento humano lo es aún mas, así como  la creencia en los valores que imparten. La educación tiene un papel fundamental y esta debe dignificar; incluir perspectivas diferentes a ganar dinero y consumir. Asumir y transmitir la complejidad del mundo, y que, como seres humanos, nuestro deber u objetivo no es ser felices, sino desarrollar nuestras más altas capacidades teniendo como premisa amar la vida en toda su extensión, con lo que nos brinda, porque forma parte de un todo. Comprendiendo que la felicidad es una actitud, una forma de ver la vida y no está condicionada por cada circunstancia externa que acontece, por el contrario su alternancia da paso a que florezcan una serie de fortalezas prestas a enfrentar los distintos hechos adversos. Frecuentemente somos testigos u observadores de como el ser humano ignora este hecho, en esa búsqueda errada de satisfacción externa se va debilitando en su propia condición.
Estamos frente a jóvenes con una pérdida de identidad, buscando formas de valoración y de legitimación de su propia vida para justificarse, para ellos mismos. Pero en ocasiones este comportamiento lo observamos igualmente en los responsables de impartir la enseñanza. Entonces la vida, tanto de jóvenes como adultos, sean padres o en rol de educadores se va convirtiendo en episodios irrelevantes, presto a ser colmados de bienestar y de experiencias placenteras; enarbolando una supuesta calidad de vida que por lo general significa llenarse de cosas.
Debemos tener educadores que amen lo que hacen,  que trabajen en pro de su propia  autoestima, de su equilibrio emocional  y la de sus alumnos, que se sientan orgullosos de sus vidas, y si las condiciones en que desarrollan su actividad no son las mas idóneas están obligados a dar un salto hacia su transformación, porque la ineficiencia, la mediocridad y el conformismo no debe ser una opción, ni profesional ni de vida. Una persona puede ser académicamente muy capaz, pero también inseguro, deprimido, negativo, entonces que tipo de mensaje puede estar transmitiendo, y allí los padres deben estar alertas al conversar y compartir con sus hijos porque el mensaje puede estar penetrando mas de lo que imaginan y sutilmente ocasionar estragos.
La premisa es incentivar nuevos escenarios para expresar el pensamiento, respetando el individualismo y la singularización de todos los que componen el sistema educativo.  Los educadores, que son seres humanos, atraviesan episodios de angustias, tristezas,  frustración por situaciones amenazantes personales o del entorno, y deben poseer herramientas que les permitan reafirmar su propia esencia, que les apoye en fortalecer y descubrir las oportunidades ocultas ante lo que llamamos perdidas o fracasos y así poder transmitirlo a sus estudiantes. Por otra parte las instituciones deben promover ayuda externa especializada que facilite el manejo de los conflictos de los educadores ya que muchas veces se sienten sobrepasados por las situaciones, las condiciones y los propios estudiantes.
Todos los cambios de base y de profunda transformación son progresivos, los grandes desafíos,  no solo demandan capacidad intelectual o académica; también demandan condiciones humanas: compromiso, fe, esperanza, decisión, determinación, con un espíritu que no desfallezca ante el primer obstáculo. Conceptos como quien soy, como funciono, en qué creo y como me responsabilizo ante ello significa un excelente punto de partida.


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