Educar para la paz

La vida es una calle de un solo sentido y su esencia es ir siempre hacia adelante. Vivimos momentos de grandes transformaciones, sobre todo a nivel de tecnología, información y comunicaciones, en este sentido debemos redimensionar constantemente las bases que sustentan nuestros valores, comenzando por el seno familiar y la escuela para hacerlo extensivo hacia una sociedad mas justa y equitativa.

Todos somos educadores y lo que hacemos tiene implicaciones. Creemos que nuestros hijos aprenden de lo que decimos cuando en realidad aprenden de lo que observan en nosotros, en pocas palabras de nuestros ejemplos. La enseñanza no comienza dentro del recinto escolar, está presente en todo: en la actitud, en el gesto, la palabra, en el afecto que se recibe.

Presentarnos vulnerables ante nuestros hijos nos humaniza ante ellos. Expresarles con la suficiente humildad que hacemos lo que podemos con lo que tenemos, siembra lo bueno que poseemos mas allá de posturas, es aceptar como padres que muchas veces nos equivocamos al exigir resultados que en ocasiones son contrarios a su sentir.

No es frecuente observar en algunos padres fomentar en sus hijos la capacidad de perdonar, de elegir esa opción antes que una respuesta agresiva o vengativa que los haga ganar el respeto de los otros, asumir responsabilidad por la totalidad de sus actos por pequeños que estos sean. La cultura en la que estamos inmersos no apoya mucho este concepto, no obstante la realidad violenta que hemos alimentado nos muestra que tanto la cultura como nosotros estamos equivocados.

Deseamos en nuestra opinión, evitar a nuestros hijos experiencias que les perjudiquen, pero realmente el mensaje que muchas veces emitimos en el hogar demuestra que las actitudes asumidas y aprendidas ausentes de entendimiento y reforzadas por una competitividad, suelen ser causas que detonan peores acciones. Hemos priorizado la imposición al diálogo y como resultado recibimos una sublevación que emerge naturalmente ante cualquier instancia. Hay espacios y momentos que como padres debemos respetar.

Los esfuerzos  en formar al individuo en un clima de aceptación y tolerancia no pueden desmayar. Debemos fortalecer lo aprendido y actualizar continuamente en función a los cambios que la vida establece. Si deseamos construir una educación para la paz, son muchos los elementos que debemos considerar y revisar que tanto somos permisivos en las pérdidas de los valores construidos.

He comprendido que educar para la paz es enseñar y promover la capacidad de inspirar a otros, basado en el reconocimiento propio como individuo generador de felicidad, poseedor de una seguridad que no admite intimidación ante otros no importando los escenarios. La premisa de una sociedad sustentada en el respeto por la dignidad y la vida humana es una tarea que compete a todos.

VEMOS EL ÁRBOL PERO MUCHAS VECES NO RECORDAMOS QUE SEMBRAMOS LA SEMILLA, AHORA A QUIEN HACEMOS RESPONSABLES.



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