Egolatría y autoestima

Comencemos definiendo la egolatría que es la admiración excesiva hacia la persona; la autoestima se refiere a valorarte positivamente, a estar satisfecho(a) de ser quien eres y de los talentos y habilidades que posees y por lo tanto de tu capacidad de superarte cada día más; por lo que ya, desde las propias definiciones, se hace evidente la diferencia entre la egolatría y la autoestima.

Una autoestima sana no requiere de la comparación con otros para sentirte superior, reconoces ese ser especial en ti independientemente de lo mucho o poco de especial que puedas ver en otros. Ese valor no viene dado por posesiones materiales, sino por algo más profundo que está en tu interior y de igual manera existe en el interior de cada ser humano.

La egolatría compara, de modo que quien la padece se “siente superior”; la egolatría es superficial, la autoestima es profunda porque te conecta con tu esencia y con tu ser.

Ego se refiere a lo externo y nuestra posición en relación a él, a lo que piensan, por ejemplo,  los demás sobre nosotros. La autoestima se refiere a lo interno, a  lo que pensamos sobre nosotros mismos.

El ególatra “se vende” ante los ojos de los demás, refiere sus cualidades, sus logros para impresionar a otros. La autoestima no requiere eso. El ególatra tiende a hablar mucho de sí mismo y a escuchar y preguntar poco sobre los demás, agota y, paradójicamente, puede producir en muchas personas el efecto contrario.

Con esto no quiero dejar de reconocer lo agradable que resulta que otras personas reconozcan nuestros atributos, que nos feliciten o recompensen, siempre y cuando no seamos dependientes de la opinión de los demás, porque si el caso es el contrario, es decir, cuando los comentarios de otros no sean gratos para el ego, solo una autoestima sana puede hacernos trascender.

Si amamos nuestra esencia, resulta sencillo reconocer nuestros errores y hasta reírnos de nosotros mismos porque confiamos en nuestra capacidad de levantarnos, de aprender, de continuar. El ego sufre horrores al fracasar buscando las fallas en lo externo más que dentro de sí mismo para continuar sintiéndose el centro del universo.

No somos nuestras posesiones, no somos nuestro cuerpo y si bien podemos disfrutar de lo que tenemos, lo importante es tener conciencia de que esto es absolutamente temporal, son solo formas, pero la esencia carece de esa forma, somos mucho más profundos que eso.

La egolatría, si bien te produce un disfrute, es temporal y te lleva al sufrimiento profundo ante la pérdida de lo que consideras tuyo, es por eso que es lo opuesto a la autoestima, de hecho, se transforma en un mecanismo compensatorio para subsanar una baja autoestima.

“Las personas con alta autoestima no necesitan sentirse superiores a los demás, no necesitan compararse con los demás. Su alegría radica en ser quienes son y no en tratar de ser mejores que los demás.” Anónimo.



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