El aeropuerto ya no es igual… #IrseOQuedarse

Desde siempre, he creído que los aeropuertos son una especie de purgatorio… Son áreas de paso, de donde puedes partir al paraíso o al infierno, según el destino, «la misión» y el itinerario que tengas.

Para mí el aeropuerto principal de mi país siempre había sido lo primero, el paraíso; sobrevolar la costa, ver las faldas del Ávila desde la ventanilla rodeadas de todo aquel verde, siempre fueron sinónimo de «Bienvenido a casa», estás de vuelta en el paraíso… lo mismo ocurría al salir, las caras sonrientes de todos aquellos viajeros y «las paticas sobre aquel Cruz Diez» de dimensiones indescriptibles eran la despedida ideal para siempre regresar…

Pero desde hace un tiempo para acá, todo cambió abruptamente, los mensajes en tus redes sociales que habitualmente decían, «Regresa pronto, buen viaje, te esperamos…», cambiaron por «Si puedes no regreses, quédate por allá y busca mejores oportunidades»… Las imágenes de salida, aquellas plagadas de sonrisas, cambiaron por madres que despiden a sus hijos recién salidos de la adolescencia, quienes ahora se van a otras latitudes en busca de un «futuro»; las faldas verdes del Avila cambiaron por «mamotretos» de concreto fabricados en serie, cuan castillos de lego sobre la costa… y sencillamente, mirar por la ventanilla ya no es divertido, ahora cerrarla y tratar de engañar a tu mente resulta mejor…

Nunca he sido dado a la idea de irme de mi país, llegué a pensar y a preguntarme: si nos vamos, ¿quién puede arreglar este entuerto? Debo confesarlo, ya no me siento igual, al regresar, me siento como Dante; mi paraíso, se convirtió en una especie de «infierno», lees las noticias y no provoca bajar del avión, hablas con tus amigos y siempre hay un acontecido, ¿Qué nos pasó?, ¿En qué nos convertimos?

Siempre he tenido claro que en tiempos de crisis, hay dos tipos de personas -como lo escuche una vez- «los que lloran y los que venden pañuelos», pero últimamente, estoy tratando de pertenecer un nuevo grupo, «los que buscan un «sponsor» y ayudan a que esos pañuelos lleguen a manos de los que lloran», aportando algo de claridad a quienes no tienen la misma fortaleza o la misma capacidad. ¿Qué les quiero decir?, en efecto «mi aeropuerto ya no es igual», me siento un extranjero en mi país, «mi paraíso» se convirtió en «mi infierno»; pero también hay algo cierto, me sobra voluntad para luchar contra esto y tratar de aportar algo para que sea un sitio mejor, y ¿por qué no?, lograr que algún día vuelva a ser el paraíso.

No digo que nunca vaya a emigrar, pues jamás debemos decir: «De esta agua no beberé» y menos en un mundo globalizado, pero mientras esté de este lado de la frontera, seguiré «tratando» aunque sienta en ocasiones que soy el único; siempre traten, de eso va mi invitación, sigamos adelante, al menos, hasta que nos dure la voluntad.

No juzguemos más, aportemos, busquemos opciones; todos sabemos como estamos y para donde vamos, queda de nosotros hacer que el barco cambie ese rumbo.

A quienes se fueron, ojalá, cambiemos pronto y puedan regresar, por experiencia personal, se que ser «EXTRANJERO» no es un tema sencillo… Es cierto, el aeropuerto ya no es igual, pero también nosotros seguimos siendo los mismos; no esperemos cambios si no estamos haciendo “nada” para que algo cambie o suceda. ¿Quieres un lugar mejor?, pues, solo depende de ti. #IrseOQuedarse



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