El alivio de desprenderse

Quien haya tenido que meter su vida en una maleta de 25 kilos (o 23, en el peor de los casos) sabe muy bien lo que significa aquello que llaman desprenderse. Lo vas aprendiendo en la medida en que te das cuenta que no puedes llevar todo contigo y que debes comenzar a soltar. Y así, sin más, te llega entonces el momento de aceptar (o de resignarse) que hay que dejar de aferrarnos para volar ligeros.

Ahora que lo pienso mejor, el ejercicio de “compactar la vida” en un equipaje sirve para ayudarnos a emprender una nueva vida con lo que realmente necesitamos. Con los afectos que, en verdad, nos nutren. Los libros que, en realidad, leeremos. Las prendas que, sin engaños, nos pondremos. Y los pensamientos que nos ayudarán a emprender otra etapa sin pasado, sin prejuicios, sin rutinas, sin vicios.

Lo único que reconforta, en estos casos, es que el corazón tiene capacidad ilimitada y que en él no vale el sobrepeso. Suene cursi, lo sé. Pero cuando se emprende una nueva vida con sólo 25 kilos, la sensación de poder refugiarnos en aquellos afectos que guardamos en el corazón y los buenos momentos que tenemos en la memoria es lo único que nos infunde fortaleza para continuar.

Si hubiese una maleta suficiente grande y una aerolínea permisiva, uno llevaría consigo a sus padres para que te protejan y te cuiden cuando estés enferma; a tus hermanos, para que te hagan compañía; a tu amigas, para que te echen cuentos sin parar y al novio, para sentirte apoyada. Pero no. Lamentablemente no. Al nuevo destino, solo llegas tú con tus 25 kilos.

La ventaja de ir sin sobrepeso es que puedes llenarte de otras experiencias, de nuevos amigos, de otros aprendizajes. Vas como una esponja nueva preparada para absorber todo lo que llegue. Abierta a conocer otras maneras de vivir y de llevar las vicisitudes. Puede que, en un momento, vuelvas a tener que desprenderte para tomar otro vuelo. Pero, allí aplicarás la misma: cargar la mente y el corazón para ir ligera de equipaje.



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