El alquimista: cómo resolver los problemas combinando 5 elementos

El alquimista: cómo resolver los problemas combinando 5 elementos

En su libro El alquimista, Paulo Coelho nos introduce en una historia apasionante de aquel guerrero que va en busca de su destino. “Cuando se quiere algo, todo el universo conspira para que esa persona consiga realizar su sueño”, afirma, y es así: somos alquimistas destinados a combinar ensayo y error a lo largo de la vida para conquistar los anhelos, metas y propósitos, dentro de un orden que escapa a nuestra comprensión consciente.

Un alquimista es —desde la ciencia y las disciplinas ancestrales— una persona dedicada a la práctica de la combinación de elementos diversos (de la química, física, medicina, filosofía, historia, espiritualidad, el arte, etcétera), para conseguir un resultado.

El camino, si bien es incierto al comienzo, puede traer grandes revelaciones si en las manos del alquimista existe la persistencia y la perseverancia. Persistencia para seguir adelante pese a los obstáculos. Perseverancia es no darse por vencido desde las emociones que generan los fracasos, que, como sabes, son escalones indispensables para el éxito.

  • Cómo ser un alquimista para resolver problemas

Ahora bien: ¿es posible combinar ciertos elementos para encontrar salidas a prácticamente todos los problemas de la vida? ¿Si seguimos cierta fórmula alquímica, es más factible solucionar las cosas?

La respuesta es , y lo que se requiere es la habilidad para incorporarlos paso a paso en su justa medida, como facilitadores de un mejor resultado final de la situación que te preocupa.

Para convertirte en el alquimista que puede ayudar a resolver tus propios problemas, aquí van estos cinco elementos esenciales que necesitarás mezclar:

  1. Actitud

Lo principal para un alquimista es creer que se puede obtener un resultado distinto. Es fundamental ponerse de pie sobre la certeza de que es posible encauzar vías de solución de los problemas. Si partes de la idea de que ya no hay nada por hacer, posiblemente te des por vencido antes de tiempo. El elemento de la actitud es esencial para que te coloques con la dosis justa de optimismo (o al menos de neutralidad, lo que se ubica entre el polo positivo y negativo) para ayudar a crear nuevas respuestas a los problemas. Definitivamente, con una actitud positiva es más probable que encuentres soluciones, caminos, vías que antes no visualizabas.

La persona derrotista, quejosa y pesimista difícilmente pueda hacer una alquimia basada en la actitud, ya que se necesita de la disposición entusiasta a encarar el proceso.

En cambio, quienes confían y sienten profundamente el llamado de que hay que seguir intentando para salir adelante, ya están un paso más cerca de la resolución.

  • Información

Un error frecuente en las personas es que quieren cambiar el curso de los problemas sin contar con todos los elementos de análisis. Así, basados en suposiciones o presunciones, asumen que su visión es la realidad, cuando muy probablemente haya aspectos que han escapado a su procesamiento interno.

Ante un problema de cualquier tipo, un alquimista reúne toda la información disponible; indaga, investiga, pregunta, dedica tiempo a registrar los datos en su cuaderno de notas o bitácora de experimentación, y da lugar al análisis de los datos para que, en algún momento, ese manojo de ideas dispersas haga sinapsis en el cerebro. Las neuronas se conectarán y harán su trabajo, y así empezarán a surgir ideas, asociaciones libres y nuevas consideraciones, en línea con la búsqueda de soluciones.

  • Razonamiento

Pensar es difícil; es un proceso complejo. Por eso la mayoría de las personas prefiere asumir las cosas desde la perspectiva única de sus creencias y paradigmas, sin siquiera ponerse a considerar opciones distintas.

Para resolver problemas siendo tu propio alquimista es necesario que explores al máximo tu capacidad de razonamiento. El cerebro tiene dos hemisferios, el izquierdo, más racional, y el derecho, asociado a lo emocional. Conectando ambos es que surgirán las respuestas.

No se trata de ser completamente racional todo el tiempo, sino de balancear la información blanda que proviene de los sentimientos, emociones y sensaciones, con el dato duro que surge de analizar las cosas. Sin esta parte, tus decisiones para resolver problemas pueden traer consecuencias indeseadas.

  • Intuición

Conectado con lo anterior, la intuición, la corazonada, “escuchar las tripas” también forma parte del proceso de ser tu propio alquimista.

Hay un momento en que todo el trabajo que vienes haciendo al combinar estos cinco elementos para resolver problemas de cualquier tipo empezará a dar sus frutos, ya que tu conocimiento natural te dará las pistas y los indicios para indicarte por dónde avanzar.

Una clave importante para incluir la intuición en el proceso es que escuches tu corazón, tu voz interior, esa que surge del Ser (no sólo del hacer las cosas). Por eso es por lo que crear entornos de tranquilidad para que reflexiones sobre los problemas, meditar, respirar, estar en la naturaleza, desconectar del entorno del problema, moverte, son buenas herramientas para despertar la intuición que tienes.

  • Inteligencia emocional

El otro elemento para ser un alquimista en la resolución de problemas es que apliques los principios de la llamada inteligencia emocional, que definió el psicólogo Daniel Goleman:

  • Autocontrol, el dominio de uno mismo. Es fundamental que en el proceso puedas gestionar tus emociones para evitar que dominen las situaciones, y, en vez de actuar por impulsos, puedas establecer el sentido antes de la acción.
  • Autoconocimiento. El proceso de convertirte en tu alquimista te ayudará a conocerte mejor, a sentir un profundo amor por ti (lo que se llama amor propio, que nada tiene que ver con el narcisismo o egoísmo), y a ir cada vez más profundo dentro de ti.
  • Pensamiento positivo. Incluido en el punto de la actitud, es esencial que te focalices en la probabilidad de que sí podrás resolver los problemas, y que, si no logras hacerlo, has entregado todo lo mejor: eso traerá mayor entendimiento y resignificación a tu entrega en el proceso del problema.
  • Empatía, ponerse en el lugar del otro. Una cualidad ineludible para resolver cuestiones es saber empatizar, porque necesitarás aprender a ver las cosas no solo desde tu perspectiva, sino la de los demás implicados.
  • Asertividad. Al combinar los elementos de esta alquimia, es fundamental pensar siempre en el concepto del bien mayor, aquello que apoye la mejor respuesta que sea lo más ecuánime posible para todos. En este punto, con asertividad podrás comunicarte y sentir desde tus perspectivas, sin herir ni lastimar a los demás. Es dar en el clavo con la forma justa de comunicación para lograr resultados superadores.

Como sabes, todo funciona solo si lo pones en práctica. La información intelectual es sumamente importante, aunque si no la llevas a la acción no va a ocurrir nada de lo que quisieras. Soñarlo no lo hace: hacerlo lo hace.



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