El amor de mi vida estará en una cajita

No me malinterpreten. Estoy casada y mi esposo es maravilloso. Inclusive, él me ayudó a cultivar y aumentar este gran amor con mucha paciencia. Pero se aprende que no hay un solo gran amor en la vida. Poquitos, pero más de uno. A diferencia de lo que pensé, no hay un vacío inmenso, sino un corazón repleto y desbordante de ese mismo amor. Lo compartimos todo. Teníamos muchos secretos alegres. Nos sentíamos perfectos juntos. Nuestro amor lo era y lo sigue siendo. Nos cuidábamos mutuamente. Nos intuíamos. Nos entendíamos. Eramos cómplices. Nos acompañábamos en las buenas y en las malas, sobre todo en las noches interrumpidas por los motivos más dulces y descabellados.

Siempre había la mejor disposición de ambas partes. Nunca un reclamo. Nunca una mala cara. Siempre una voz dulce y cariñosa del uno con el otro. Toda la incondicionalidad. Amor contenido en miradas. Hasta la última que fue infinitamente dulce y profunda tratando de comunicar la despedida.

Hubo un momento en el que parecía que todo iba a terminar por un descubrimiento. Tuve un doloroso despertar. De allí en adelante todo me agobiaba. La más mínima cosa representaba un peso insoportable y un futuro incierto. Pero un día pensé que si seguía anticipando un desenlace ni siquiera él me disfrutaría ni yo a él. El miedo, por mi parte, no lo iba a permitir. Entonces, volví a conectarme genuinamente con la alegría, los juegos, el contacto, el amor y la parte feliz. Un nuevo comienzo para un largo adiós.

Yo sabía que se iba apagando su energía, pero nunca el deseo de amor incondicional; de diversiones compartidas; de esa conexión maravillosa donde la vida nos sonríe todos los días. Mi refugio en momentos difíciles. Mi compañero del amor infinito. Mi maestro del aquí y el ahora. Del no preocuparme por lo que no sé qué va a pasar. Por ayudarme con ese aprendizaje que empecé hace un tiempo sobre aprender a que no tengo el control de casi ninguna de las cosas. Es irrepetible.

Los recuerdos abundan y brotan como bálsamo. Y ese amor sigue aquí. Integrándose cada día más a mi corazón sin tomar ningún espacio ya ocupado, sino haciéndolo más grande y más fuerte. Probando que el espacio allí es infinito. Este tipo de amor no se acaba ni se rompe. Las lágrimas inevitables son dulces y restauradoras. Lo recuerdo permanentemente. La cajita es solo una representación de un mundo repleto de belleza, dulzura y amor pleno. Una cajita mágica que si llegara a ser abierta lo que estaría allí no cabría en este mundo.

La tristeza no te roba la alegría. Ambas son parte de la rueda de la vida. Un día sientes una, otro día la otra y se complementan. Hay belleza y energía en ambas.



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