El amor es el motor

«El amor de una madre devuelve a la vida a un bebé tras certificarse su muerte», este es el titular de una maravillosa y conmovedora noticia, una mujer madre de gemelos prematuros logra revivir con caricias, unas gotas de leche materna y mucho amor a su bebé que había sido declarado muerto.

Los doctores le dijeron que se despidiera de su hijo y ella estuvo un par de horas acariciándolo, diciéndole lo mucho que lo amaba y le puso unas gotas de leche materna en su boca, el bebé suspiró y los médicos dijeron que fue un acto reflejo, pero luego y poco a poco fue mostrando signos de vida, la madre lo pegó a su pecho y el bebé comenzó a mamar, esto fue hace un par de años pero aún hoy día me parece un ejemplo perfecto de cómo el amor de una madre, fortalece, sana y revive.

Mamá por lo general es una de las primeras palabras que aprende nuestro hijo y ser madre conlleva un montón de misiones entre ellas ser la raíz, el nacimiento, el origen de los valores humanos.

Convertirse en mamá implica muchas cosas lindas que quizás olvidamos como jugar con muñecas o con carritos, correr hasta perder el aliento en el parque, también algunos sacrificios como comer frío o dejar la mitad del plato porque el niño llora, ser mamá es trasnocharse para amamantar o para esperar al chamo que está de fiesta y queremos asegurarnos que llegue bien, es llorar las caídas junto a tu hijo y aprender de nuevo a sumar y a restar, ser madre es un cúmulo de emociones y responsabilidades infinitas, es sentir el corazón hinchado de emoción cada vez que recibes una sonrisa, un beso o un abrazo, es alimentar, es construir, es dar y recibir amor.

Amor, esta debería ser la palabra clave en esta sociedad, el amor es algo especialmente movilizador cuando uno se convierte en mamá y el valor de la familia parece renacer y reafirmarse como la pieza fundamental en el proceso de educación y crecimiento de nuestros hijos. Como madres debemos procurar sembrar y cultivar ese retoño que luego se convertirá en adulto.

Madres, rescatemos valores descuidados y enseñemos a nuestros hijos a amar sobre todas las cosas, que la solidaridad es buena compañera, que el respeto se cultiva no se impone, que la vida del otro vale tanto como la propia y que la familia es la base de la sociedad.

Estoy convencida de que el amor es la clave y el motor para un mundo mejor y puedo responder, sin lugar a dudas, que nuestro corazón es grande y es que fuimos creados para amar, con la misma intensidad y a pesar de nuestras diferencias, a todos los seres humanos.



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