El año que viene es ya

El año que viene es ya, me dijo en estos días una amiga quien me preguntaba sobre el libro que espero publicar el primer trimestre del nuevo año. Me decía que quería leerlo ya y yo le pedía paciencia, que había que esperar al «año que viene» para verlo publicado. Su frase quedó bailando en mi cabeza: «el año que viene es ya». Y tiene razón, ya estamos allí, lo que falta es comer unas hallacas, darnos unos buenos abrazos y ¡Pum!, el cañonazo nos anuncia que cambiamos de dígito en el calendario.

Nunca he sido muy proclive a establecer propósitos de Año Nuevo. Pienso que el ambiente que nos rodea en este último mes del año nos convierte en redactores compulsivos de ambiciosas listas de buenas intenciones que a la larga se quedan en el papel…o en la computadora. Casi nunca llegan a convertirse en realidad. ¿Por qué? En mi opinión es porque la inyección de espíritu navideño que recibimos durante esta temporada donde quiera que vamos, pierde fuerza a partir del segundo día de enero, por no decir el primero que por lo general es un día para morsear, como diría otra de mis queridas amigas. Perdemos el impulso que creíamos perduraría cuando estábamos extasiados con las lucecitas y canciones navideñas.

La frase «el año que viene es ya», me llevó a pensar en algo que he escrito muchas veces y he leído muchas más: el único momento que tenemos en la vida es el «ahora». El único tiempo en el que vivimos es este en el que estamos en este preciso momento. Si creo que es así, ¿por qué esperar una fecha determinada para hacer lo que me propongo hacer y ser lo que quiero ser?

Entonces convierto mi lista en «Propósitos de Año Nuevo para Ya». Mi mayor objetivo, como el tuyo, siempre es tratar de ser mejor persona. Como la costumbre es hacer listas, pues te dejo la mía por si quieres compartirla y ver si juntos logramos ser mejores y tener un mejor planeta:

  • anho-que-vieneMe esmeraré en agradecer cada momento y cada situación vivida, desde el momento en que abra los ojos al despertar.
  • Trataré de ser más empática. Ponernos en los zapatos del otro nos lleva a comprender mejor a los demás.
  • Buscaré el equilibrio entre el dar y recibir. Muchas veces nos negamos a recibir lo que otros nos ofrecen no permitiéndoles disfrutar de la sabrosa sensación de dar.
  • Mantendré en mente la idea de que nunca está más oscuro que justo antes de amanecer. Siempre nos recuperamos hasta de las peores situaciones.
  • No condicionaré mis logros a los de los demás. No hay por qué competir con los que te rodean. La meta es ser mejor que nosotros mismos. Mi Yo mañana, será mejor que mi Yo hoy.
  • Aceptaré con agradecimiento las críticas porque cuando son sinceras te ayudan a mejorar cada día.

Como nunca he podido cumplir con el propósito de dejar el café, no lo puse en esta lista, pero creo que con estas intenciones podemos comenzar con buen pie desde este mismo momento a tener un próspero año. Sin esperar al Año Nuevo, porque «el año que viene es ya».



Deja tus comentarios aquí: